FATIMA

El Mensaje de Fátima: tercer secreto

    Lo que sigue es la comunicación dada por la Santa Sede, la presentación del Cardenal Tarcisio Bertone de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el texto íntegro del secreto y las reflexiones del Cardenal Ratzinger.

FUE PRESENTADO EL TEXTO DE LA TERCERA PARTE DEL SECRETO DE FATIMA

CIUDAD DEL VATICANO, 26 JUN 2000 (VIS).-Esta mañana se presentó en la Oficina de Prensa de la Santa Sede el documento "El mensaje de Fátima", elaborado por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Lleva la firma del cardenal Joseph Ratzinger y del arzobispo Tarcisio Bertone, S.D.B., respectivamente prefecto y secretario de este dicasterio.
    El documento, de algo más de 40 páginas, se ha publicado en inglés, francés, italiano, castellano, alemán, portugués y polaco. Consta de una presentación del arzobispo Bertone; la primera y segunda parte del "secreto" de Fátima: texto original del escrito de Sor Lucía en la "tercera memoria" del 31 de agosto de 1941 destinada al obispo de Leiria-Fátima y su traducción; la reproducción fotográfica del manuscrito original de la tercera parte del "secreto" y su traducción; la carta de Juan Pablo II a Sor Lucía, fechada el 19 de abril del 2000 y su traducción; una síntesis del coloquio del arzobispo Bertone y del obispo Serafim de Sousa Ferreira e Silva, (de Leiria-Fátima), con Sor Lucía el pasado 27 de abril en el Carmelo de Santa Teresa de Coimbra (Portugal); las palabras del cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado, al final de la beatificación de Jacinta y Francisco el pasado 13 de mayo; y un comentario teológico del cardenal Ratzinger.
    En la presentación, el arzobispo Bertone afirma que "Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas. (...) Nadie en 1917 podía haber imaginado todo esto: los tres 'pastorinhos' de Fátima ven, escuchan, memorizan, y Lucía, la testigo que ha sobrevivido, lo pone por escrito en el momento en que recibe la orden del obispo de Leiria y el permiso de Nuestra Señora".
    "La tercera parte del 'secreto' -escribe-, fue escrita (...) el 3 de enero de 1944. Existe un único manuscrito, que aquí se reproduce en facsímile. El sobre lacrado estuvo guardado primero por el obispo de Leiria. Para tutelar mejor el 'secreto', el 4 de abril de 1957 el sobre fue entregado al archivo secreto del Santo Oficio. Sor Lucía fue informada de ello por el obispo de Leiria".
    El secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe señala que "según los apuntes del archivo, el 17 de agosto de 1959, el comisario del Santo Oficio, padre Pierre Paul Philippe, O.P., de acuerdo con el cardenal Alfredo Ottaviani, llevó el sobre que contenía la tercera parte del 'secreto de Fátima' a Juan XXIII. Su Santidad, 'después de algunos titubeos', dijo: 'Esperemos. Rezaré. Le haré saber lo que decida'. En realidad, el Papa Juan XXIII decidió devolver el sobre lacrado al Santo Oficio y no revelar la tercera parte del 'secreto'. Pablo VI leyó el contenido con el sustituto, el obispo Angelo Dell'Acqua, el 27 de marzo de 1965 y devolvió el sobre al archivo del Santo Oficio, con la decisión de no publicar el texto'. Juan Pablo II por su parte pidió el sobre con la tercera parte del 'secreto' después del atentado del 13 de mayo de 1981", que fue entregado al sustituto de la Secretaría de Estado, monseñor Martínez Somalo, el 18 de julio del mismo año, y el 11 de agosto fue devuelto al archivo del Santo Oficio.
    "Como es sabido -añade monseñor Bertone-, el Papa Juan Pablo II pensó inmediatamente en la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María y compuso él mismo una oración que definió 'Acto de consagración', que se celebraría en la Basílica de Santa María la Mayor el 7 de junio de 1981".
    "Pero el Santo Padre, para responder más plenamente a las peticiones de 'Nuestra Señora', quiso explicitar durante el Año Santo de la Redención (1984) el acto de consagración del 7 de junio de 1981, repetido en Fátima el 13 de mayo de 1982".
    "Sor Lucía -continuó el arzobispo-, confirmó personalmente que este acto solemne y universal de consagración correspondía a los deseos de Nuestra Señora. Por tanto, toda discusión, así como cualquier otra petición ulterior, carecen de fundamento".
    Sor Lucía ya había insinuado la interpretación de la tercera parte del "secreto" en una carta al Santo Padre del 12 de mayo de 1982, que se publica en el documento.
    El arzobispo Tarcisio Bertone señala finalmente que "la decisión del Santo Padre Juan Pablo II de hacer pública la tercera parte del 'secreto' de Fátima cierra una página de historia, marcada por la trágica voluntad humana de poder y de iniquidad, pero impregnada del amor misericordioso de Dios y de la atenta premura de la Madre de Jesús y de la Iglesia".

TRADUCCION INTEGRA DEL TEXTO ORIGINAL

CIUDAD DEL VATICANO, 26 JUN 2000 (VIS).-Ofrecemos a continuación la traducción completa del texto original en portugués de la tercera parte del secreto de Fátima, revelado el 13 de julio de 1917 a los tres pastorcillos en la Cueva de Iria-Fátima y transcrito por Sor Lucía el 3 de enero de 1944:
    "Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiria y de la Santísima Madre vuestra y mía.
    "Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Angel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Angel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: 'algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él' a un Obispo vestido de Blanco 'hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre'. También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Angeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios".

CARDENAL RATZINGER: LA CLAVE DEL "SECRETO" ES PENITENCIA

CIUDAD DEL VATICANO, 26 JUN 2000 (VIS).-Según el cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la "palabra clave" del tercer secreto de Fátima "es el triple grito: 'Penitencia, Penitencia, Penitencia!'". Lo afirma en el "Comentario Teológico" que se publica en la parte final del documento hecho público hoy por la Santa Sede. El cardenal Ratzinger dice también que otra palabra clave es "mi Corazón Inmaculado triunfará", "el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma; el fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo".
    El Comentario Teológico del Prefecto de la Congregación para la Fe está dividido en tres partes: Revelación pública y revelaciones privadas, su lugar teológico; La estructura antropológica de las revelaciones privadas; Un intento de interpretación del secreto de Fátima.
    "El término 'revelación pública' -afirma el cardenal Ratzinger- designa la acción reveladora de Dios destinada a toda la humanidad, que ha encontrado su expresión literaria en las dos partes de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento. Se llama 'revelación' porque en ella Dios se ha dado a conocer progresivamente a los hombres, hasta el punto de hacerse él mismo hombre, para atraer a sí y para reunir en sí a todo el mundo por medio del Hijo encarnado, Jesucristo. (...) En Cristo Dios ha dicho todo, es decir, se ha manifestado a sí mismo y, por lo tanto, la revelación ha concluido con la realización del misterio de Cristo que ha encontrado su expresión en el Nuevo Testamento".
    La "revelación privada", en cambio, "se refiere a todas las visiones y revelaciones que tienen lugar una vez terminado el Nuevo Testamento; es ésta la categoría dentro de la cual debemos colocar el mensaje de Fátima. (...) La autoridad de las revelaciones privadas -prosigue el cardenal Ratzinger- es esencialmente diversa de la única revelación pública: ésta exige nuestra fe". La revelación privada, en cambio, "es una ayuda para la fe, y se manifiesta como creíble precisamente porque remite a la única revelación pública".
    Citando al teólogo flamenco E. Dhanis, el prefecto para la Fe afirma que "la aprobación eclesiástica de una revelación privada contiene tres elementos: el mensaje en cuestión no contiene nada que vaya contra la fe y las buenas costumbres; es lícito hacerlo público, y los fieles están autorizados a darle en forma prudente su adhesión". "Un mensaje así puede ser una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el momento presente; por esto no se debe descartar. Es una ayuda que se ofrece, pero no es obligatorio hacer uso de la misma".
    El cardenal Ratzinger subraya también que "la profecía en el sentido de la Biblia no quiere decir predecir el futuro, sino explicar la voluntad de Dios para el presente, lo cual muestra el recto camino hacia el futuro".
    La parte más importante del Comentario Teológico está dedicada a "un intento de interpretación del secreto de Fátima". Del mismo modo que la palabra clave de la primera y de la segunda parte del "secreto" es la de "salvar almas", "la palabra clave de este 'secreto' es el triple grito: 'Penitencia, Penitencia, Penitencia!'. Viene a la mente el comienzo del Evangelio: 'paenitemini et credite evangelio' (Mc 1,15). Comprender los signos de los tiempos significa comprender la urgencia de la penitencia, de la conversión y de la fe. Esta es la respuesta adecuada al momento histórico, que se caracteriza por grandes peligros y que serán descritos en las imágenes sucesivas. Me permito insertar aquí un recuerdo personal: en una conversación conmigo, Sor Lucia me dijo que le resultaba cada vez más claro que el objetivo de todas las apariciones era el de hacer crecer siempre más en la fe, en la esperanza y en la caridad. Todo el resto era sólo para conducir a esto".
    Después, el prefecto de la Congregación para la Fe pasa revista a las "imágenes" del secreto. "El ángel con la espada de fuego a la derecha de la Madre de Dios recuerda imágenes análogas en el Apocalipsis. Representa la amenaza del juicio que incumbe sobre el mundo. La perspectiva de que el mundo podría ser reducido a cenizas en un mar de llamas, hoy no es considerada absolutamente pura fantasía: el hombre mismo ha preparado con sus inventos la espada de fuego".
    "La visión muestra después la fuerza que se opone al poder de destrucción: el esplendor de la Madre de Dios, y proveniente siempre de él, la llamada a la penitencia. De este modo se subraya la importancia de la libertad del hombre: el futuro no está determinado de un modo inmutable, y la imagen que vieron los niños no es una película anticipada del futuro, de la cual nada podría cambiarse. En realidad, toda la visión tiene lugar sólo para llamar la atención sobre la libertad y para dirigirla en una dirección positiva. (...) Su sentido es el de movilizar las fuerzas del cambio hacia el bien. Por eso están totalmente fuera de lugar las explicaciones fatalísticas del 'secreto' que dicen que el atentador del 13 de mayo de 1981 habría sido en definitiva un instrumento de la Providencia. (...) La visión habla más bien de los peligros y del camino para salvarse de los mismos".
    Pasando a las siguientes imágenes, "el lugar de la acción -explica el cardenal Ratzinger- aparece descrito con tres símbolos: una montaña escarpada, una gran ciudad medio en ruinas, y finalmente una gran cruz de troncos rústicos. Montaña y ciudad simbolizan el lugar de la historia humana: la historia como costosa subida hacia lo alto, la historia como lugar de la humana creatividad y de la convivencia, pero al mismo tiempo como lugar de las destrucciones, en las que el hombre destruye la obra de su proprio trabajo (...) Sobre la montaña está la cruz, meta y punto de orientación de la historia. En la cruz la destrucción se transforma en salvación; se levanta como signo de la miseria de la historia y como promesa para la misma".
    "Aparecen después aquí personas humanas: el Obispo vestido de blanco ('hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre'), otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y, finalmente, hombres y mujeres de todas las clases y estratos sociales. El Papa parece que precede a los otros, temblando y sufriendo por todos los horrores que lo rodean. No sólo las casas de la ciudad están medio en ruinas, sino que su camino pasa en medio de los cuerpos de los muertes. El camino de la Iglesia se describe así como un viacrucis, como camino en un tiempo de violencia, de destrucciones y de persecuciones. En esta imagen, se puede ver representada la historia de todo un siglo. Del mismo modo que los lugares de la tierra están sintéticamente representados en las dos imágenes de la montaña y de la ciudad, y están orientados hacia la cruz, también los tiempos son representados de forma compacta".
    "En la visión podemos reconocer el siglo pasado como siglo de los mártires, como siglo de los sufrimientos y de las persecuciones contra la Iglesia, como el siglo de las guerras mundiales y de muchas guerras locales que han llenado toda su segunda mitad y han hecho experimentar nuevas formas de crueldad. En el 'espejo' de esta visión vemos pasar a los testigos de la fe de decenios".
    El prefecto de la Fe afirma también que en el viacrucis de este siglo "la figura del Papa tiene un papel especial. En su fatigoso subir a la montaña podemos encontrar indicados con seguridad juntos diversos Papa, que empezando por Pío X hasta el Papa actual han compartido los sufrimientos de este siglo y se han esforzado por avanzar entre ellos por el camino que lleva a la cruz. En la visión también el Papa es matado en el camino de los mártires No podía el Santo Padre, cuando después del atentado del 13 de mayo de 1981 se hizo llevar el texto de la tercera parte del 'secreto', reconocer en él su proprio destino? Había estado muy cerca de las puertas de la muerte y él mismo explicó el haberse salvado con las siguientes palabras: 'fue una mano materna la que guió la trayectoria de la bala y el Papa agonizante se detuvo en el umbral de la muerte' (13 de mayo de 1994). Que 'una mano materna' haya desviado la bala mortal muestra sólo una vez más que no existe un destino inmutable, que la fe y la oración son poderosas, que pueden influir en la historia y, que al final, la oración es más fuerte que las balas, la fe más potente que las divisiones".
    La conclusión del secreto, prosigue el cardenal Ratzinger, "recuerda imágenes que Lucía puede haber visto en libros piadosos, y cuyo contenido deriva de antiguas intuiciones de fe. Es una visión consoladora, que quiere hacer maleable por el poder salvador de Dios una historia de sangre y lágrimas. Los ángeles recogen bajo los brazos de la cruz la sangre de los mártires y riegan con ella las almas que se acercan a Dios. La sangre de Cristo y la sangre de los mártires están aquí consideradas juntas: la sangre de los mártires fluye de los brazos de la cruz. Su martirio se lleva a cabo de manera solidaria con la pasión de Cristo y se convierte en una sola cosa con ella".
    "La visión de la tercera parte del secreto tan angustiosa en su comienzo, se concluye pues con una imagen de esperanza: ningún sufrimiento es vano y, precisamente una Iglesia sufriente, una Iglesia de mártires, se convierte en señal orientadora para la búsqueda de Dios por parte del hombre (...) del sufrimiento de los testigos deriva una fuerza de purificación y de renovación, porque es actualización del sufrimiento mismo de Cristo y transmite en el presente su eficacia salvífica".
    Qué significa en su conjunto (en sus tres partes), el "secreto" de Fátima?, se pregunta por último el cardenal Ratzinger. "Ante todo debemos afirmar con el cardenal Sodano: 'los acontecimientos a los que se refiere la tercera parte del 'secreto' de Fátima parecen pertenecer ya al pasado'. En la medida en que se refiere a acontecimientos concretos ya pertenecen al pasado. Quien había esperado impresionantes revelaciones apocalípticas sobre el fin del mundo o sobre el curso futuro de la historia se desilusionará. Fátima no nos ofrece este tipo de satisfacción de nuestra curiosidad, lo mismo que la fe cristiana no quiere y no puede ser un mero alimento para nuestra curiosidad. Lo que queda de válido lo hemos visto de inmediato al inicio de nuestras reflexiones sobre el texto del 'secreto': la exhortación a la oración como camino para la 'salvación de las almas' y, en el mismo sentido, la llamada a la penitencia y a la conversión".
    "Quisiera al final volver aún sobre otra palabra clave del 'secreto', que con razón se ha hecho famosa: 'mi Corazón Inmaculado triunfará'. Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este 'sí' Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios".
    "Pero desde que Dios mismo tiene corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús: 'padeceréis tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo' (Jn 16,33). El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa".

La beatificación de Jacinta y Francisco y el tercer secreto
JUAN PABLO II LLEGA POR TERCERA VEZ A FATIMA
(Reproducido con permiso de ZENIT News Agency-http://www.zenit.org)

FATIMA, 12 mayo (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha llegado por tercera vez a Fátima, la localidad en la que se apareció la virgen en 1917. Y lo hace significativamente por tercera vez en la misma fecha, el 13 de mayo, como lo hizo en 1982 y 1991.
    Y es que el 13 de mayo es una fecha que recuerda muchos acontecimientos ligados entre sí: la primera aparición de María a los dos hermanitos y a Lucía dos Santos, quien a sus 93 años volverá a encontrarse con el pontífice; el atentado en la plaza de San Pedro del Vaticano de 1981; y, a partir de mañana, la beatificación de los primeros niños elevados a la gloria de los altares sin haber sido martirizados.
    El motivo principal de este viaje internacional del Papa Wojtyla, el número 92 de su pontificado, se debe precisamente a la celebración que tendrá lugar mañana por la mañana en la gran explanada del Santuario.
    En la tarde de hoy, Juan Pablo II aterrizó en el aeropuerto de Lisboa y, tras un breve encuentro privado con el presidente de la República Portuguesa, Jorge Sampaio, se dirigió a Fátima en helicóptero. En la noche se detendría en oración a la capilla de las apariciones. Un momento intenso para agradecer a María el que le salvara la vida hace 19 años. Mientras tanto, crece la espera por lo que mañana podrá decir durante la Eucaristía.
    El nombre de Fátima está ligado en el subconsciente de muchas personas al famoso tercer secreto. Precisamente el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y una de las poquísimas personas que tiene conocimiento de su contenido, hizo ayer referencia al mismo. Ante la pregunta de los periodistas sobre su posible revelación por parte del obispo de Roma durante su estancia en Portugal, respondió: «El Papa siempre puede dar sorpresas, pero él va a Fátima a beatificar a los pastorcillos Francisco y Jacinta y no para revelar el secreto».
    Por tanto, son ellos, esos dos niños (Francisco no había cumplido los once años cuando falleció y Jacinta no llegó a cumplir los diez) los auténticos protagonistas de este viaje pontificio. Al beatificarles en este Jubileo tan esperado, Juan Pablo II quiere indicar al mundo su ejemplo: oración y sacrificio por la conversión de los pecadores, amor a Cristo y a los hombres para cambiar la sociedad. En definitiva, el mensaje de las apariciones.
    Hace nueve años, el Papa Wojtyla dijo en Fátima: «Confío a la Señora y Madre todas las generaciones los buenos propósitos y el camino de nuestra generación, la del siglo XX y la del XXI». Ciertamente el clima internacional ha cambiado profundamente con respecto a 1991, cuando acababa de desaparecer la Unión Soviética (acontecimiento que muchos consideran ligado al cumplimiento de las revelaciones de la Virgen a los tres pastorcillos).
    En 1982, durante la primera visita del Papa, la situación mundial era todavía mucho más inquietante. En esa ocasión, en ese Santuario, Juan Pablo II exclamó: «¡Líbranos de la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable, de todo tipo de guerra!». Él mismo, en respuesta al llamamiento de la Virgen, consagraría después la Iglesia al Corazón Inmaculado de María, en 1984, en unión con los obispos de todo el mundo.
    El escenario mundial sigue suscitando temores e inquietudes. Ochenta y tres años después, el mensaje de María en Fátima de amor y conversión sigue teniendo plena actualidad.

JUAN PABLO II EN FATIMA
EL PAPA CONFIESA EN ROMA LA EMOCION VIVIDA EN FATIMA

CIUDAD DEL VATICANO, 14 mayo (ZENIT.org).- A su regreso a Roma, tras la histórica peregrinación a Fátima en la que beatificó a los dos pastorcillos y encargó el anuncio de la publicación del tercer secreto de Fátima, Juan Pablo II recibió el saludo de miles de peregrinos en la plaza de San Pedro, quienes quisieron darle la bienvenida a Roma durante el tradicional encuentro de los domingos, antes de rezar la oración mariana del mediodía.
    Refiriéndose a las 24 horas inolvidables que el Papa ha transcurrido en tierras portuguesas, confesó: «En mi corazón sigue todavía viva la emoción que experimenté ayer en Fátima, al proclamar beatos a los pastorcillos Francisco y Jacinta Marto, quienes junto con Lucía, que todavía hoy vive, tuvieron el privilegio de ver a la Virgen y de hablar con ella. He confiado a la Virgen todas las necesidades e intenciones de la Iglesia, rezando también por las vocaciones».
    En este día, la Iglesia celebraba precisamente la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y el Papa, según una significativa costumbre, ordenó, en este cuarto domingo de Pascua, comúnmente llamado del «Buen Pastor», a 26 nuevos sacerdotes de la diócesis de Roma. Tras haber invitado a los fieles a rezar por ellos para que su vida y su ministerio sean un testimonio alegre de Cristo y su Evangelio, añadió: «En este mes de mayo, que la tradición popular consagra a María, dirijamos constantemente la mente y el corazón hacia ella, imitando su ejemplo de fiel adhesión al designio divino. Acogiendo la invitación que la Virgen hizo precisamente en Fátima a los creyentes, recemos y hagamos penitencia por la Iglesia y por la santificación de los sacerdotes, por la conversión de cuantos viven en el pecado y por la paz en el mundo».

LOS DOS PASTORCILLOS, PROTAGONISTAS DEL SIGLO XX
Ceremonia de beatificación de Francisco y Jacinta

FATIMA, 14 mayo (ZENIT.org).- Los dos pastorcillos de Fátima, Jacinta y Francisco Marto ya son beatos. Eran las 10:50, hora de Portugal, del 13 de mayo, cuando Juan Pablo II pronunció la fórmula litúrgica de beatificación durante la misa que celebró en la explanada que se encuentra junto a la Basílica de la Cova de Iría. Se encontraban presentes más de quinientas mil personas.
    Ha sido la mejor manera de celebrar este 13 de mayo, en el que se celebraban los 83 años de las primeras apariciones de la Virgen y el atentado del que fue víctima el Papa Wojtyla en la plaza de San Pedro del Vaticano, en 1981. En la ceremonia participó también Lucía dos Santos, 93 años, monja de clausura, que fue testigo de aquellos acontecimientos prodigiosos, junto a sus primitos que ahora son los primeros niños no mártires en ser elevados a la gloria de los altares; no por ser videntes, sino por haber practicado las virtudes de manera heroica.
   
Con su tercera visita a Fátima, el Papa ha querido también dar gracias a la Virgen por la protección que le ha ofrecido en sus casi 22 años de pontificado.

Tercer secreto
    La beatificación de los pastorcillos vivió un momento de emoción inesperado cuando el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano, por encargo de Juan Pablo II leyó un anticipo de la tercera parte del así llamado secreto de Fátima, que será publicado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, acompañado por un comentario. Está relacionado con las persecuciones de la Iglesia protagonizadas por los regímenes ateos del siglo XX y, en particular, con el atentado del 13 de mayo de 1981.
    El sol brilló con fuerza en esta fiesta que recordaba «el día en que bailó». Estaba presente el presidente de la República Portugesa, Jorge Sampaio, junto a los más altos representantes del Estado. Muchos de los presentes habían pasado toda la noche en oración, celebraciones eucarísticas, rosarios, procesiones con antorchas...    Prácticamente no se dio una sola pausa entre el momento de la llegada del Papa en la noche anterior para rezar en la Capilla de las Apariciones, donde ofreció a la
Virgen el anillo que le regaló el cardenal Stefan Wyszynksi al inicio de su pontificado.

Encuentro con sor Lucía
    Al llegar a la Basílica en la mañana, el Papa se encontró con sor Lucía, la anciana vidente que le recibió con una amplia sonrisa. Esta mujer regresó hoy a Fátima por cuarta vez, pues por cuarta vez ha venido un Papa a Fátima: primero fue Pablo VI y después, en tres ocasiones, Juan Pablo II. Se podría decir, que en este día los tres pastorcillos se volvieron a reunir en Fátima.
    De este modo, dos niños que no fueron mártires, los primeros en la historia, fueron declarados solemnemente beatos, es decir, modelos para la Iglesia y el mundo de virtudes heroicas. Este es el primer mensaje de Fátima: la atención privilegiada de Dios por los pequeños y humildes. «Según el designio divino vino del cielo a esta tierra de los pequeños privilegiados por el Padre una "Mujer vestida de sol" --explicó el pontífice--. Ella les habla con voz y corazón de mamá. Les invita a ofrecerse como víctimas de reparación, diciéndose dispuesta a conducirles en seguridad hasta Dios».

Francisco y Jacinta
    El Santo Padre habló de Francisco, quien pensaba continuamente en Jesús,
entristecido a causa de los pecados, por lo que quería consolarle. Habló también de Jacinta que ofreció con gusto su incipiente vida por los pecadores
. Con la autoridad de la inocencia, estos niños tienen mucho que enseñar a una humanidad demasiado ignorante sobre la gravedad del pecado, constató el obispo de Roma.

El siglo XX y las apariciones
    Pero la meditación del pontífice pasó después hasta abarcar los horizontes de la historia de este siglo, tan ligados a las apariciones de Fátima. Aquellos niños recibieron un mensaje en el que se revelaba la terrible lucha entre el bien y el mal, que atraviesa la historia del mundo. En este sentido, el Papa exclamó: «¡Cuántas víctimas ha habido en este último siglo del segundo milenio! Mi pensamiento se dirige a los horrores de las dos grandes guerras y las otras contiendas en otras partes del mundo. También se dirige a los campos de concentración y de exterminio, a los gulag, a las limpiezas étnicas, a las persecuciones, al terrorismo, a los secuestros, a la droga, a los atentados contra la vida de los no nacidos y contra la familia».
    A continuación puso en relación la Conmemoración de los testigos de la fe del siglo XX que tuvo en el Coliseo (7 de mayo) con esta peregrinación portuguesa, y dijo: «Aquí, en Fátima, donde fueron preanunciados estos tiempos de tribulación y la Virgen pidió hacer oración y penitencia para abreviarlos, quiero dar gracias al cielo por la fuerza del testimonio que se ha manifestado en todas esas vidas». En este momento, el discurso del Papa asumió tonos conmovidos al agradecer al Señor la protección que le otorgó con motivo del atentado de hace 19 años: «Deseo una vez más celebrar la bondad que ha tenido el Señor conmigo, cuando al ser gravemente herido en aquel 13 de mayo de 1981 me salvó de la muerte. Expreso mi reconocimiento también a la beata Jacinta por los sacrificios y oraciones presentadas por el Santo Padre, a quien ella había visto sufrir tanto».
    Por último, el Papa dedicó palabras especiales a los niños presentes en la beatificación. De hecho, eran numerosos y hacían más ruido que nadie. Venían de todo Portugal. «La Virgen tiene necesidad de todos vosotros para consolar a Jesús, triste por los males que se hacen contra él --les dijo--. Tiene necesidad de vuestras oraciones y de vuestros sacrificios por los pecadores».

LA SANGRE DEL PAPA Y DEL SIGLO XX EN EL SECRETO DE FATIMA
Juan Pablo II hace sugerentes revelaciones en la homilía de beatificación

FATIMA, 14 mayo (ZENIT.org).- Juan Pablo II encargó a su brazo derecho en la guía de la Santa Sede, el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado vaticano, que anunciara la gran sorpresa que había preparado para su peregrinación a Fátima que realizó del 12 al 13 de mayo con el objetivo de beatificar a los dos pastorcillos Francisco y Jacinta: la revelación del famoso «tercer secreto».

Una anuncio inesperado
    «La visión de Fátima tiene que ver sobre todo con la lucha de los sistemas ateos contra la Iglesia y los cristianos, y describe el inmenso sufrimiento de los testigos de la fe del último siglo del segundo milenio. Es un interminable Via Crucis dirigido por los Papas del Siglo XX», explicó el cardenal italiano.
    «Según la interpretación de los "pastorinhos" --añadió--, interpretación confirmada recientemente por Sor Lucia, el "Obispo vestido de blanco" que ora por todos los fieles es el Papa. También él, caminando con fatiga hacia la Cruz entre los cadáveres de los martirizados (obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y numerosos laicos), cae a tierra como muerto, bajo los disparos de arma de fuego».
    El anuncio no lo quiso hacer el Papa, en parte porque se trata de una revelación privada y en parte (y quizá sobre todo) por cierto pudor, pues le afecta personalmente. Ahora bien, durante la homilía de la ceremonia de beatificación reconoció implícitamente y con signos evidentes de emoción que estas revelaciones han marcado decisivamente la comprensión de su pontificado y su visión del mundo en estas dos últimas décadas.

El secreto y el atentado
    El cardenal Sodano añadió al hacer lectura del anuncio: «Después del atentado de 13 de mayo de 1981, a Su Santidad le pareció claro que había sido "una mano materna quien guió la trayectoria de la bala", permitiendo al "Papa agonizante" que se detuviera «a las puertas de la muerte"». Por este motivo, con ocasión de una visita a Roma del entonces obispo de Leiria-Fátima, el Papa decidió entregarle la bala, que quedó en el jeep después del atentado, para que se custodiase en el Santuario. Por iniciativa del obispo, la misma fue después engarzada en la corona de la imagen de la Virgen de Fátima.

Referencias del mismo Papa
    De este modo el tercer secreto sólo fue revelado parcialmente. Para conocer su contenido completo habrá que esperar a que sea publicado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, organismo vaticano presidido por el cardenal Joseph Ratzinger, quien ha preparado un comentario para hacer más fácil su comprensión. En la homilía de la ceremonia de beatificación, sin embargo, Juan Pablo II hizo referencias sumamente interesantes que sin duda están relacionadas con el mismo.
    Dejó ante todo muy claro que el mensaje de Fátima es «un llamamiento a la conversión». El sucesor de Pedro confirmó, además, algunos aspectos particulares de los tres secretos: las muertes prematuras de Jacinta y Francisco, las terribles guerras y persecuciones del siglo XX, la necesidad de rezar para que se «abrevien» los males contra el hombre y el atentado que él mismo sufrió en 1981 en el Vaticano. Para ello citó en la homilía el Apocalipsis, cuando habla del «dragón», que simboliza el mal y afirmó que cuando el hombre «deja a Dios a un lado no puede alcanzar la felicidad, sino que al contrario, acaba por autodestruirse».
    La confirmación del «segundo secreto» de Fátima, el referente a las guerras mundiales, la realizó de manera indirecta, diciendo: «¡Cuántas víctimas ha habido en este último siglo del segundo milenio! Mi pensamiento se dirige a los horrores de las dos grandes guerras y las otras contiendas en otras partes del mundo. También se dirige a los campos de concentración y de exterminio, a los gulag, a las limpiezas étnicas, a las persecuciones, al terrorismo, a los secuestros, a la droga, a los atentados contra la vida de los no nacidos y contra la familia».
    Por lo que se refiere al primer secreto, la muerte prematura de los niños, recordó las palabras de Jacinta en la que decía refiriéndose a Francisco que «la Virgen ha venido a vernos y ha dicho que muy pronto vendrá a llevárselo».
    La referencia del obispo de Roma al tercer secreto, ahora parcialmente revelado, la hizo con estas palabras: en Fátima, «fueron vaticinadas las tribulaciones de estos tiempos y la Virgen pidió que se rezara para abreviar esos males». Por eso, añadió, «quiero dar gracias a Dios por haberme salvado de la muerte aquel 13 de mayo de 1981. Expreso mi reconocimiento también a la beata Jacinta por los sacrificios y rezos hechos para el Papa, al que vio sufrir».

EL ANUNCIO DEL TERCER SECRETO DE FATIMA
Revelaciones del secretario de Estado vaticano

FATIMA, 14 mayo (ZENIT.org).- Al final de la Eucaristía, en la que Juan Pablo II beatificó a Francisca y Jacinto, dos de los tres niños que fueron testigos de las apariciones de la Virgen en Fátima, el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano, tomó la palabra para anunciar que Juan Pablo II ha decidido revelar el tercer secreto revelado por María a los tres pastorcillos. Estas fueron las palabras del purpurado.

Hermanos y hermanas en el Señor:
    Al concluir esta solemne celebración, siento el deber de presentar a nuestro amado Santo Padre Juan Pablo II la felicitación más cordial, en nombre de todos los presentes, por su próximo 80° cumpleaños, agradeciéndole su valioso ministerio pastoral en favor de toda la santa Iglesia de Dios.
    En la solemne circunstancia de su venida a Fátima, el Sumo Pontífice me ha encargado daros un anuncio. Como es sabido, el objetivo de su venida a Fátima ha sido la beatificación de los dos «pastorinhos». Sin embargo, quiere atribuir también a esta peregrinación suya el valor de un renovado gesto de gratitud hacia la Virgen por la protección que le ha dispensado durante estos años de pontificado. Es una protección que parece que guarde relación también con la llamada «tercera parte» del secreto de Fátima.
    Este texto es una visión profética comparable a la de la Sagrada Escritura, que no describe con sentido fotográfico los detalles de los acontecimientos futuros, sino que sintetiza y condensa sobre un mismo fondo hechos que se prolongan en el tiempo en una sucesión y con una duración no precisadas. Por tanto, la clave del lectura del texto ha de ser de carácter simbólico.
    La visión de Fátima tiene que ver sobre todo con la lucha de los sistemas ateos contra la Iglesia y los cristianos, y describe el inmenso sufrimiento de los testigos de la fe del último siglo del segundo milenio. Es un interminable Via Crucis dirigido por los Papas del Siglo XX.
    Según la interpretación de los «pastorinhos», interpretación confirmada recientemente por Sor Lucia, el «Obispo vestido de blanco» que ora por todos los fieles es el Papa. También él, caminando con fatiga hacia la Cruz entre los cadáveres de los martirizados (obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y numerosos laicos), cae a tierra como muerto, bajo los disparos de arma de fuego.
    Después del atentado de 13 de mayo de 1981, a Su Santidad le pareció claro que había sido «una mano materna quien guió la trayectoria de la bala», permitiendo al «Papa agonizante» que se detuviera «a las puertas de la muerte» (Juan Pablo II, «Meditación con los Obispos italianos desde el Policlínico Gemelli», en «Insegnamenti», col.XVII/1, 1994, p. 1061). Con ocasión de una visita a Roma del entonces Obispo de Leiria-Fátima, el Papa decidió entregarle la bala, que quedó en el jeep después del atentado, para que se custodiase en el Santuario. Por iniciativa del Obispo, la misma fue después engarzada en la corona de la imagen de la Virgen de Fátima.
    Los sucesivos acontecimiento del año 1989 han llevado, tanto en la Unión Soviética como en numerosos Países del Este, a la caída del régimen comunista que propugnaba el ateísmo. También por esto el Sumo Pontífice le está agradecido a la Virgen desde lo profundo del corazón. Sin embargo, en otras partes del mundo los ataques contra la Iglesia y los cristianos, con la carga de sufrimiento que conllevan, desgraciadamente no han cesado. Aunque las vicisitudes a las que se refiere la tercera parte del secreto de Fátima parecen ya pertenecer al pasado, la llamada de la Virgen a la conversión y a la penitencia, pronunciada al inicio del siglo XX, conserva todavía hoy una estimulante actualidad. «La Señora del mensaje parecía leer con una perspicacia especial los signos de los tiempos, los signos de nuestros tiempos ... La invitación insistente de María santísima a la penitencia es la manifestación de su solicitud materna por el destino de la familia humana, necesitada de conversión y perdón» (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 1997, n. 1, en : Insegnamenti, vol XIX/2, 1996, p. 561).
    Para permitir que los fieles reciban mejor el mensaje de la Virgen de Fátima, el Papa ha confiado a la Congregación para la Doctrina de la Fe la tarea de hacer pública la tercera parte del secreto, después de haber preparado un oportuno comentario.
    Agradecemos a la Virgen de Fátima su protección. A su materna intercesión confiamos la Iglesia del Tercer Milenio.
    «Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genetrix!».

Fátima y Medjugorje
(Del Diario de Sor Emmanuel, Mayo 15 de 2000)
¡Queridos hijos de Medjugorje, alabado sea Jesucristo!

1) ¡EL PAPA REVELA EL TERCER SECRETO DE FATIMA!
    El 13 de Mayo, durante la ceremonia de beatificación de los dos "pastorcitos", Jacinta y Francisco, en Fátima, el Santo Padre dio a conocer el "tercer secreto" de Fátima. Este incluye una visión del atentado contra su vida. Tiene que ver también con la lucha de los sistemas ateos contra la Iglesia y los cristianos y describe el inmenso sufrimiento de los testigos de la fe del último siglo del segundo milenio. Es un interminable Vía Crucis dirigido por los Papas del Siglo XX. El Cardenal Sodano anunció que el Vaticano pronto pondría a disposición de los fieles el texto completo del tercer secreto, junto con un comentario de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

2) El viernes pasado la Virgen nos invitó a la montaña para su aparición a Ivan. En esa vigilia de la gran celebración del 13 de Mayo, la Gospa estuvo contenta y gozosa. No es casualidad que Ella orara esa noche de manera especial por la paz del mundo; fue exactamente lo que la Virgen pidió a esos dos niños, dándoles las herramientas para apresurar el fin de la Primera Guerra Mundial: rezar diariamente el Rosario y ofrecer sacrificios a Dios por medio del Corazón Inmaculado de María. Antes de que Jacinta muriera, le dijo a su prima Lucía que Dios había confiado la paz del mundo a María y que debíamos pedirla por medio de su Corazón Inmaculado.
    Les propongo que todos recemos en estos días esa hermosa oración al Corazón Inmaculado de María que Ella misma dio en Medjugorje:
"Oh Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad,
muéstranos tu amor por nosotros.
Que la llama de tu Corazón, oh María,
descienda sobre todos los hombres.
Nosotros te amamos infinitamente.
Imprime en nuestros corazones el amor verdadero,
para que así tengamos un deseo continuo de Ti.
Oh María, dulce y humilde de corazón,
acuérdate de nosotros cuando estemos en pecado.
Tú sabes que todos los hombres pecamos.
Concédenos, por medio de tu Corazón Inmaculado y materno,
la salud espiritual.
Haz que siempre podamos contemplar
la bondad infinita de tu Corazón maternal
y nos convirtamos
por medio de la llama de amor de tu Corazón.
Amén." (28/11/83).

3) También es significativo que esta beatificación no sólo tuviera lugar el día de Fátima (el 13 de Mayo de 1917), sino en el aniversario de ese intento de asesinato (el 13 de Mayo de 1981). Y de acuerdo a la biografía de Frossard, de los labios del Santo Padre sólo salía una oración al ser trasladado de prisa al hospital. Una y otra vez él clamó:
"¡María, ven! ¡María ven!"
    ¡La Gospa comenzó a aparecerse en Medjugorje al mes siguiente!
    El 25 de Marzo de 1984, este Santo Padre, de quien la Gospa dijo en Medjugorje "Yo lo he elegido para estos tiempos", hizo la consagración en Roma que Ella pidió en Fátima. Varias horas más tarde, ese mismo día en Medjugorje, Ella les dijo a los niños: "Regocíjense conmigo, ángeles míos, porque una parte de mi plan se ha cumplido. Muchos se han convertido, pero muchos otros no quieren convertirse. ¡Oren!"
    ¡Esa fue la aparición número 1000 en Medjugorje!

    Después del Acto de Consagración, ese día el Papa pasó 4 horas a solas con el Obispo Paolo Hnilica, quien acababa de llegar a Roma de regreso de Moscú, donde celebró una Misa en el Kremlin en unión con el Acto de Consagración del Santo Padre en Roma.
    Sorprendido de que su amigo no se hubiera detenido en Medjugorje a su regreso, el Papa le dijo: "¡Medjugorje es el cumplimiento y la continuación de Fátima!"
    La Gospa misma confirmó las palabras del Santo Padre siete años después: "¡Queridos hijos! También hoy los invito a la oración. Ahora, como nunca antes, mi plan ha comenzado a realizarse... Los invito a todos ustedes, queridos hijos, a orar y a ayunar con una firmeza aún mayor. Los invito a una renuncia por nueve días, a fin de que ... todo lo que Yo quería que se realizara por medio de los secretos que comenzaron en Fátima pueda cumplirse..."(25/8/91). Y de nuevo, desde Medjugorje, al mes siguiente, Ella nos hizo este llamado: "¡Ayuden a mi Corazón Inmaculado a triunfar en este mundo tan pecador!" (25/9/91). ¿Qué más podría ser el cumplimiento de Fátima sino el triunfo del Corazón Inmaculado de María?
    Y esto explica por qué las apariciones de la virgen en Medjugorje son sus últimas apariciones en esta tierra. En Fátima, Ella dio la profecía sobre el futuro:
"Con todo, al final mi Corazón Inmaculado triunfará!"
    El Papa Juan Pablo II proclamó en "Cruzando el Umbral de la Esperanza": "... la victoria, si llega, será alcanzada por María. Cristo vencerá por medio de Ella, porque El quiere que las victorias de la Iglesia en el mundo contemporáneo y en el mundo del futuro estén unidas a Ella. Y he aquí que llegó el 13 de mayo de 1981. Cuando fui alcanzado por el proyectil en el atentado en la plaza de San Pedro, no reparé al principio en el hecho de que aquél era precisamente el aniversario del día en que María se había aparecido a los tres niños de Fátima, en Portugal, dirigiéndoles aquellas palabras que, con el fin del siglo, parecen acercarse a su cumplimiento" (p. 215 y 216).
    El Santo Padre y Sor Lucía pasaron un largo rato hablando juntos. Tenemos la esperanza de que Sor Lucía haya compartido con él lo que ella recibió de la propia Virgen María acerca de Medjugorje (ver el capítulo de Agosto de 1991 en "Medjugorje, los 90").
    ¡Mucha gente hoy está prestando oído a toda clase de profecías acerca del futuro y los fabricantes de miedo están haciendo montones de dinero! Pero nosotros, los hijos de Medjugorje, estamos llamados a ser apóstoles de María, es nuestra responsabilidad irradiar el gozo de la Gospa ante lo que reinará en el futuro: "¡un tiempo de paz que mi Corazón aguarda impacientemente!" (Junio 25 de 1995).
    Tomando el ejemplo de los pequeños Jacinta y Francisco, ¡apresuremos la victoria apoyando activamente y con mucho amor sus planes!
    ¡Querida Gospa, estamos tan agradecidos por este Papa que Tú elegiste y por ser nosotros mismos no menos elegidos para el Triunfo de tu Corazón Inmaculado!
Sor Emmanuel

P.S. de Denis Nolan: Hace seis años, la Santísima Virgen nos encomendó una tarea. Hagámoslo ahora como regalo de cumpleaños a este gran Papa. Ella nos pidió: "Oren, hijitos, por la salud de mi hijo más querido, que sufre y a quien Yo he escogido para estos tiempos" (25/8/94).

EL SIGLO XX A LA LUZ DE FÁTIMA
Declaraciones del historiador Giorgio Rumi

MILAN, 15 mayo (ZENIT.org).- «La visión de Fátima tiene que ver sobre todo con la lucha de los sistemas ateos contra la Iglesia y los cristianos, y describe el inmenso sufrimiento de los testigos de la fe del último siglo del segundo milenio. Es un interminable Via Crucis dirigido por los Papas del Siglo XX». Éstas fueron las palabras del cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano, al final de la Eucaristía en la que Juan Pablo II beatificó a Francisco y Jacinta, dos de los tres niños testigos de las apariciones de la Virgen en Fátima.
    Un siglo calificado de larga e ininterrumpida vía dolorosa. Y la tiara de espinas perteneció a Benedicto XI, entre conflictos mundiales y la revolución bolchevique; Pío XI y la condena de los ateísmos violentos, comunismo y nazismo. México, España y Alemania, con los resplandores de guerra que embestirá dramáticamente el pontificado de Pío XII. Llegarían después Juan XXIII y Pablo VI, el Concilio y su realización. De las estaciones de este Viacrucis, de sobra conocidas, se ha hablado a menudo en un susurro en nombre de lo «políticamente correcto». «Hoy, que por fin conseguimos admitirlas todas, la decisión de revelar el tercer secreto es como un reconocimiento de la madurez del pueblo cristiano», afirma Giorgio Rumi, uno de los historiadores más prestigiosos de Europa, en una entrevista publicada en «Avvenire».
    El punto de partida está en el «hecho más simple del mundo, aunque nadie lo ha dicho nunca: el 13 de mayo de 1917 se sitúa entre la primera y la segunda revolución rusa, por lo tanto es ya el final de la vieja Rusia imperial y ortodoxa, y existe la gran incógnita de este comunismo que crece. El uno de agosto --continúa Rumi-- Benedicto XV envía su famosa nota a todos los jefes de las naciones beligerantes, un hecho sin precedentes.
    Para nosotros 1917 es el año de Caporetto, después está la revolución bolchevique. Es verdaderamente el año terrible por definición, algo apocalíptico. Lo que sucedió en Fátima está muy lejos de ser idílico, es un comienzo tremendo».
    Llegan los años de Pío XI. Tiempo «igualmente apocalíptico porque, aunque es cierto que no hay guerra, sin embargo en cierta manera la situación es aún peor porque se sabe que la guerra volverá», explica Rumi. «Primeros destellos en México, después en España y luego en Alemania, mientras que, a lo largo de esos 17 años de pontificado, comienza en Rusia la primera persecución auténticamente "neroniana", y el hecho de que en el punto de mira esté la Iglesia ortodoxa no cambia nada las circunstancias. No es casualidad que en 15 días, en 1937, el Papa Pío XI publique sus dos encíclicas, "Divini Redemptoris" y "Mit Brennender Sorge", en las que identifica claramente en el comunismo y en el nazismo los dos ateísmos violentos. Y después llegará Pacelli, con todo el problema de la guerra», apunta Rumi.
    Una historia terrible. ¿Por qué se habla de ella en voz baja? Rumi ofrece una razón: «Ha sido un poco como una familia que enseña ciertos antepasados y esconde otros porque son impresentables. Cada uno, de este gran libro, ha sacado lo que le interesaba más para su tesis ideológico-política. Por ejemplo, hay un hecho, tal vez el más dramático: en España, del 18 de julio de 1936 al final del verano, más de 6.000 sacerdotes y religiosos fueron asesinados, casi todos por odio a la religión. Sin embargo, quien recordaba este suceso corría el riesgo de ser tachado de filo-franquista. Este Papa, al que no le falta valor ni rectitud, dijo: "éstos han muerto por la fe y yo los declaro mártires". Pero insisto, hasta hace sólo diez años incluso
la opinión católica tenía cierto apuro en declararlo, por el miedo a estar del lado equivocado».
    «Todos estos miramientos --argumenta Giorgio Rumi-- hacían que el libro del siglo XX fuera escaso y mal leído, con muchas páginas oscuras. Creo que el Papa ha aportado una enorme contribución para encender la luz y leerlo todo, incluidos los errores, pero también las luces». En el recorrido de nuestra reciente historia, llegamos a Pío XII: «Estoy convencido de que cuando llegue el tiempo de la apertura de los archivos, se verá el sufrimiento de Pacelli y de sus colaboradores --afirma Rumi--. ¿Cómo omitir que aquellos fueron años espantosos? Como por otra parte lo fueron también los de Juan XXIII, "Papa bueno" pero no bonachón, hombre
sabio, profundo, hombre de su tiempo
. Nuncio en Francia, fue severo hacia los sacerdotes obreros, y absolutamente responsable cuando salvó al episcopado francés de tan apresuradas condenas gaullistas de colaboracionismo con Vichy: también él tuvo que llevar una tiara de espinas, no nos olvidemos del inicio del Concilio. Y, sobre todo, del post-Concilio: Pablo VI fue el guía en los difíciles años de la transición, tuvo que conducir la ostpolitik, en una palabra: mantener encendida la llama», concluye el historiador.
    En este contexto se enmarcan las palabras del cardenal Sodano en Fátima, tras la ceremonia de Beatificación: «Los sucesivos acontecimiento del año 1989 han llevado, tanto en la Unión Soviética como en numerosos Países del Este, a la caída del régimen comunista que propugnaba el ateísmo. También por esto el Sumo Pontífice le está agradecido a la Virgen desde lo profundo del corazón. Sin embargo, en otras partes del mundo los ataques contra la Iglesia y los cristianos, con la carga de sufrimiento que conllevan, desgraciadamente no han cesado. Aunque las vicisitudes a las que se refiere la tercera parte del secreto de Fátima parecen ya pertenecer al pasado, la llamada de la Virgen a la conversión y a la penitencia, pronunciada al inicio del siglo XX, conserva todavía hoy una estimulante actualidad».

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