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Urgente necesidad de reparar e interceder
Queridos
hermanos:
Urge reparar e interceder
ante el Santísimo Sacramento y para ello nada mejor que la adoración
perpetua, ya que por medio de ella el Señor en su presencia eucarística
es adorado día y noche, siempre. Por tanto, es posible reparar e
interceder sin interrupción.
A
aquel que quiera saber el porqué de tal urgencia lo invito a leer lo
que sigue.
Desde
hace bastante tiempo ya, siento la necesidad imperiosa que tenemos de
reparar las ofensas y sacrilegios gravísimos que a diario y cada vez
con mayor número, se cometen contra Dios y contra todo lo santo. Por
otro lado, observo que cuando más imperioso es reparar menos se
advierte a los fieles sobre esa exigencia y menos también se amonesta
para que dejen de ofender al Señor. La resignación y la claudicación
ante el combate espiritual y la permisividad y tolerancia con el pecado,
pienso que son los causantes de tal triste paradoja.
Cuando
quienes deberíamos hablar callamos entonces el Cielo clama y clama
reparación y junto a ella, intercesión a favor de los que tanto
ofenden a Dios. Si la reparación es exigencia de la Justicia de Dios,
la intercesión por los pobres pecadores lo es de su Divina
Misericordia.
Nuestro Señor pide reparación y promete grandes gracias para
aquellos que practiquen la devoción a su Sagrado Corazón.
El
24 de noviembre de 1843, recibe la Hermana Marie de Saint-Pierre
el siguiente mensaje del Señor: "La
tierra está cubierta de crímenes. La violación de los tres primeros
Mandamientos de Dios ha irritado a mi Padre. El Santo Nombre de Dios es
blasfemado y el Día Santo del Señor profanado, lo que colma la medida
de iniquidades. Estos pecados se han elevado hasta el Trono de Dios y
provocado Su ira, la que pronto se desatará si Su justicia no es
apaciguada. En ninguna época estos crímenes llegaron a tal
magnitud". Esto
era advertido hace 165 años atrás.
Con anterioridad se le había presentado el Señor a la monja diciéndole
que las continuas blasfemias, que hasta los niños proferían, herían
profundamente su Divino Corazón. La blasfemia es una flecha envenenada
que hiere Su Divino Corazón(1).
También a la Hermana Marie de Saint-Pierre le fue pedido comuniones
de reparación por la profanación del Domingo (pecado contra el tercer
Mandamiento).
Tres
años más tarde, el 19 de Septiembre de 1846, aparecía la Santísima
Virgen a los niños pastores Maxim y Melanie en La Salette,
Francia.
También en La Salette la Virgen nos advierte sobre la profanación
del Día del Señor y el crimen de blasfemia. Es decir los pecados
contra el segundo y el tercer Mandamiento. Dijo
la Virgen: "Si
mi pueblo no vuelve a Dios por la penitencia, me veré forzada a dejar
caer la Mano de mi Hijo, que ahora está tan pesada que escasamente
logro mantenerla por mucho tiempo".
También
a finales del siglo XIX y ya en el XX, hubo revelaciones de Nuestro Señor
a la Hermana Marie Chambon acerca de la devoción a las Santas
Llagas. Él mismo fue quien dictó la siguiente oración: "Padre
Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de nuestro Señor Jesucristo en
reparación por mis pecados y los pecados de todo el mundo".
Uno
o dos años antes que apareciese la Santísima Virgen en Fátima,
hacia 1916 ó 1917, el Ángel de
la Paz se les presentó a los tres pastorcitos enseñándoles a
reparar por los atroces crímenes cometidos contra Dios y también a
interceder por los pobres pecadores; y ambas, reparación e intercesión,
fueron hechas ante el Santísimo Sacramento.
Ocho años más tarde a Sor Lucía el Niño Jesús le mostraría el Corazón
Inmaculado de su Madre y se le revelaría la devoción de los cinco
primeros sábados en reparación por las injurias cometidas con el
Inmaculado Corazón.
En
el siglo pasado, hacia los años 30 el Señor se manifiesta a santa
Faustina Kowalska. Se trata de las apariciones y conocida devoción
de la Divina Misericordia.
También habla en ellas del castigo que exige su justicia ante los
tantos y graves pecados del mundo, y da a los a los hombres la
posibilidad de evitarlos mediante la confianza que se ponga en su Divina
Misericordia y la misericordia que se practique sobre los demás. Además,
el Señor le enseña a la santa la oración de la Coronilla de la Divina
Misericordia en la que se ofrece al Padre el sacrificio del Hijo, en términos
eucarísticos, como propiciación por los pecados propios y de todo el
mundo.
En
los años 50, el Cielo nuevamente hace revelaciones a una religiosa, la Venerable
Madre María Elena Aiello, nacida en 1895 y fallecida en
1961. Sus revelaciones están aprobadas por la Iglesia y su causa de
beatificación está avanzada.
La religiosa, alma víctima, estigmatizada, sufrió los
padecimientos de la Pasión del Señor, con efusión de sangre, todos
los viernes de Cuaresma desde 1923 hasta su muerte en el 61.
Cuando murió, L'Osservatore Romano escribió un bello artículo
sobre la mística calabresa.
Las revelaciones a la religiosa confirman el mensaje de Fátima y
son de las más conmovedoras de los últimos tiempos. Nuevamente, el
Cielo llama a la conversión y a la reparación y advierte acerca de
castigos.
El 8 de Diciembre de 1956 se le aparece la Virgen triste, llorando y
le dice: "La gente está ofendiendo demasiado a Dios...".
Luego, agrega: "Este gran manto que tú ves, es la expresión
de mi misericordia para cubrir a los pecadores y salvarlos. Los hombres,
en cambio, se cubren ellos mismos con más inmundicia todavía y no
quieren confesar sus faltas. Por ello, la justicia de Dios pasará sobre
el mundo pecador para purificar la humanidad de tantos pecados
abiertamente cometidos, y ocultos, especialmente esos que corrompen a la
juventud!". "Para
salvar a las almas, deseo que sea propagado en el mundo la consagración
al Corazón Inmaculado de María,
Mediadora de los hombres unido a la Misericordia de Dios y a la
Reina del Universo". "Una
vez más, el mundo se verá afligido de una gran calamidad, con
revoluciones sangrientas, con grandes terremotos, con hambrunas, con
epidemias, con terribles huracanes, con inundaciones de ríos y mares.
Pero, si los hombres no vuelven a Dios, fuego purificador caerá de los
cielos, como tormentas de nieve; sobre esas gentes, y una gran parte de
la humanidad será destruida". "Los
hombres ya no hablan de acuerdo al verdadero espíritu del Evangelio. La
inmoralidad de este tiempo ha llegado a un pico. Pero, los hombres no
escuchan mis advertencias maternales, por eso el mundo debe ser pronto
purificado". Luego
profetiza guerras y momentos de gran tribulación para la Iglesia y el
mundo. "El
único medio válido para aplacar la Justicia Divina es orar y hacer
penitencia, volviendo a Dios con dolor sincero por las faltas cometidas,
y entonces el castigo de la Divina Justicia será mitigado por la
misericordia. La humanidad nunca encontrará paz si no regresa a mi
Inmaculado Corazón como Madre de Misericordia y Mediadora de los
hombres, y al Corazón de mi Hijo Jesús".
Almas
víctimas reparadoras han sido en estos últimos tiempos las místicas Sor
Josefa Menéndez, Teresa
Neumann, Marthe Robin, la Beata
Alexandrinha da Costa y en España la recientemente fallecida Petrilla.
A
comienzos de los años 70 la Santísima Virgen se manifiesta a una
religiosa japonesa en Akita,
Japón, a la Hermana Inés
Sasagawa. Entre otros mensajes le dice: "Muchos
hombres en este mundo afligen al Señor. Yo deseo almas que lo consuelen
para mitigar la ira del Padre Celestial. Deseo, con mi Hijo, almas que
con sus sufrimientos y pobreza reparen por los pecadores e
ingratos"…
"Para que el mundo
conozca su ira, el Padre Celestial está preparando infligir un gran
castigo sobre toda la humanidad… Yo he prevenido la venida de
calamidades ofreciéndole los sufrimientos del Hijo en la Cruz, Su
Preciosa Sangre, y el sufrimiento de las amadas almas que Le consuelan
formando una corte de almas víctimas. Oración, penitencia y heroicos
sacrificios pueden mitigar la cólera del Padre”. "El Padre
infligirá un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo
mayor que el diluvio, tal como nunca se ha visto antes". Oración
y sacrificios, pide la Santísima Virgen, en reparación por tantos
pecados. También pide especialmente rezar por el clero y advierte que
la obra del demonio se infiltrará dentro de la Iglesia.
Éstas
son sólo algunas de las advertencias dadas por el Cielo.
No caben dudas que la situación hoy es muchísimo peor que en la década
de los 50 , 60 y 70. Baste pensar en los abortos legalizados, en las
experimentaciones que se hacen con fetos vivos, en las que se hacen con
embriones híbridos de humanos con animales, en la degeneración de las
costumbres, el diluvio de inmoralidad que se propaga por televisión y
otros medios, la moda altamente ofensiva a Dios, la corrupción de la
juventud por medio de la música, la homosexualidad exhibida como si
fuese una virtud, los ataques a todo lo que es santo, el satanismo
abierto y publicitado, los sacrilegios que a diario se comenten, el uso
de anticonceptivos y abortivos, todos los sacrilegios, profanaciones,
pecados contra el Primer Mandamiento, la absoluta falta de conciencia de
pecado y el desafío a la Ley de Dios y la falta de fe en la Iglesia en
medio de un mundo de Apostasía.
Por tanto, la necesidad de reparación es más grande que nunca.
Pero, no sólo de reparación
sino de intercesión.
La
adoración perpetua
es la gracia sobreabundante de Dios para estos tiempos y es donde ante
la presencia eucarística del Señor –como enseñaba el Ángel de la
Paz a los niños de Fátima- podemos reparar e interceder día y noche
por los pobres pecadores, aquellos que más ofenden su Divina Majestad.
También la reparación es un llamado a la santidad, puesto que
seremos verdaderos intercesores y reparadores en la medida en que más
santa y pura sea nuestra vida, a imagen del gran Intercesor, Jesucristo,
y de su Santísima Madre. P.
Justo Antonio Lofeudo 5 de setiembre de 2008 ------------------------ (1)Para
ello, le daba el Señor a la mística su Flecha Dorada, para sanar las
heridas producidas por la malicia del pecador. Oración
de la Flecha Dorada: "Que
el Santísimo, Sacratísimo, Adorabilísimo, Misteriosísimo e Inefable
Nombre de Dios sea alabado, bendecido, amado, adorado y glorificado, en
el Cielo, en la tierra y bajo la tierra, por todas las criaturas de
Dios, y por el Sagrado Corazón de nuestro Señor y Salvador Jesucristo
en el Santísimo Sacramento del altar. Amén".
Con esta oración se consuela a nuestro Dios y se hace reparación.
El cielo pide, ante las atrocidades cometidas, constante reparación.
En 1845, el Señor le había dado a la Hermana Marie, una oración
de reparación, la llamada de la Santa Faz.
El Santo Padre predicó sobre el amor que contempla y adora al Señor en su presencia eucarística, y lo hizo en el santuario de Lourdes, invocando a la Madre de Dios y exhortando a seguir su ejemplo de abnegada entrega. |
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