Testimonios y Comentarios sobre la película La Pasión

Mis impresiones sobre La Pasión de Gibson 
P. Justo Antonio Lofeudo, 18 de marzo de 2004


LA PASIÓN DE CRISTO
Según Mel Gibson

     Realmente para poder escribir algo de esta película es necesario, después de verla, tomar respiro. Como los buenos vinos es necesario decantarlos antes de beberlos así también es necesario un tiempo de interna elaboración antes de decir algo. Porque lo más apropiado, después de verla, parece guardar silencio. Un proverbio árabe dice: "que tus palabras sean mejores que tu silencio", dudo que lo que escriba sea más elocuente que el silencio pero sé que -sabiendo que ayer la ví- querrían tener una impresión más de esta obra tan elogiada y también tan criticada.
Ante todo es necesario decir que esta obra antes que obra de arte, que lo es, es una obra de fe. De la fe de Mel Gibson quien, habiéndose encontrado con el Salvador, quiso expresar su agradecimiento realizando este film y asumiendo todos los riesgos que podría acarrearle el hacerlo.
     La película relata, siguiendo la narración evangélica con la añadidura de detalles inspirados en los místicos como Anna Katherina Emmerich y las propias inspiraciones del realizador, las últimas doce horas de la Pasión de Cristo. Arranca con la agonía del Getsemaní (no voy a contar algunos detalles geniales del realizador porque sería sustraerles la eficacia del efecto de lo inesperado) y va recorriendo los distintos episodios contados por los cuatro evangelistas.
     Las figuras de Cristo y de María interpretadas son totalmente logradas y creíbles. Sabía que Maia Morgenstern, quien interpreta a María, es judía, judía rumana practicante (me enteré antes de ver el film), pero no que también James Caviezel es de origen judío.
     Contrariamente a las imágenes que solemos tener de la Madre del Señor durante la Pasión, una imagen que llama a nuestra propia compasión, una imagen de estilo manierista desvanecida ante la muerte del Hijo en la cruz, la del film es, según el juicio de mi corazón, la verdadera. Es como que Ella nos sostiene a nosotros, mujer fuerte que acompaña a su Hijo en todo el juicio y el camino al Calvario para permanecer de pie frente a la cruz. Es la imagen, muy lograda por cierto, de María Corredentora. En el momento del encuentro en la Vía Dolorosa, Jesús ensangrentado, escupido, maltratado, le dice a su Madre: "Ve, que hago nueva todas las cosas". Son las palabras del Apocalipsis iluminadas por la fe. Conociendo de antemano este episodio porque lo había leído en algún comentario, igualmente no pude dejar de emocionarme hasta las lágrimas, como ahora que lo escribo.
     Sólo puede decir que el film es antisemita quien tenga una muy arraigado prejuicio semita. Nada, absolutamente nada, tiene contra los judíos. Y cómo podría serlo?
     Logradísima también la figura andrógina de satanás.
     Hay sangre, sí, mucha sangre, aunque no tanta como fue en la realidad. Por ejemplo, las marcas de la flagelación brutal que recibió nuestro Señor, que aparecen sobre el cuerpo del actor, son sólo el 40 por ciento de las que figuran en la Sábana Santa. Hay brutalidad porque este fue el costo de la redención, de la Pasión del Señor, pero no hay ni un ápice de sadismo.
     Al final, por si se les pasa, cuando Jesús muere en la cruz y el cielo se oscurece, hay una toma zenital (desde arriba, aludiendo al Padre que ve la Pasión de su Hijo) y luego cae una gran gota y comienza a llover. Es el llanto del Padre.
     Gibson se preocupó en mostrar el aspecto trinitario de la Pasión y también esto lo logró.
     Sé cómo se ve la película desde la fe, no sé cómo será el verla para aquellos que no creen aunque imagino que sobre todos ha de dejar su impronta porque esta obra, no me cabe ninguna duda, es parte de la Providencia Divina para este tiempo.

     Fuimos invitados a través de un sacerdote joven que trabaja en la Nunciatura y a quien le ofrecieron unos lugares para este preestreno (será estrenada el 2 de marzo en España). La invitación vino a través de los Legionarios de Cristo que fue en quienes, junto a los jesuitas, se apoyó Gibson para la asesoría del film.
     La función comenzaba a las 20 hs y la proyección tenía lugar en el salón de actos de la Universidad Francisco Vitoria de los Legionarios de Cristo, en las afueras. Salimos de Madrid  a las 19 hs sin conocer el camino. El P. Paco, el sacerdote por quien conseguimos la invitación, era quien manejaba (finalmente éramos él, Jorge y yo porque ni los Padres Tomás y Pedro podían por tener cada uno un funeral). Nos pasamos, tomamos por otro camino, con lo cual llegamos a la Universidad casi media hora después. Yo iba rezando en silencio pero con absoluta confianza en que pese a todo llegaríamos bien. Y así fue porque antes de la proyección había un introito. Acababa, cuando llegamos, de terminar uno de los expositores (por lo que llegamos a apreciar era más bien general lo que había dicho, así que no perdimos nada) y comenzó un sacerdote de la Legión de Cristo, joven, muy simpático, americano pero que hablaba el español muy bien. Resultó ser quien guió espiritualmente a Gibson y Caviezel durante todo el rodaje. Y nos contó cosas interesantes. Por ejemplo, que a veces lo llamaban a las tres de la mañana porque ambos actores querían comulgar antes de comenzar a filmar. Siempre comulgaban antes de filmar. También que todos los días ambos rezaban el Rosario ante el Santísimo expuesto. Que el film nace de la fe de Mel, es su respuesta de fe a su propia experiencia cuando hace 12 años atrás había caído en una gran depresión y hasta había pensado en el suicidio, cuando encontró al Señor. Fue este sacerdote quien también explicó que las marcas de la Pasión en el cuerpo eran tan sólo el 40 % de las que figuran en la Sábana Santa. Otra cosa extraordinaria fue cuando hubo que cortar muchas escenas. Siempre para un autor es doloroso cortar parte de su obra. Lo que le llamó la atención a Gibson después de la poda fue que lo que quedaba era lo que relataban los evangelistas, lo esencial.
     Mel Gibson quiso que las imágenes fueran similares a las pinturas del Caravaggio, con sus espirituales claroscuros.
     Jim Caviziel sufrió mucho durante todos los meses que rodaron la Pasión. Soportó enfermedades, erupciones en la piel, siete horas de maquillaje y dos y media de desmaquillaje por día, y todo lo ofreció. Tuvo que soportar el frío, un rayo que dio sobre él y milagrosamente no lo afectó, y el llevar la cruz de 75 Kg (la verdadera pesaba casi el doble) y estar suspendido en ella. A veces le tenían que poner bolsas de agua caliente sobre la caras para que pudiese hablar porque tenía la boca entumecida por el frío. Tuvo heridas, se dislocó un hombro, sufrió de una infección en un pulmón. Dice Jim "El papel cambió mi vida en el sentido que ahora ya no tengo miedo de hacer lo correcto. Ahora tengo miedo de no hacer lo correcto".

     Los diálogos en arameo y en latín vulgar fueron traducidos por el jesuita Padre William Fulco, uno de los mayores expertos del mundo arameo y de las culturas semitas clásicas. Pero, también fueron consultadas por Gibson las personas que aún hablan el arameo, como las de dialectos de Maloulah en el Líbano, para tener una idea acabada de la pronunciación. Todo el reparto, de distintos orígenes, tuvo que aprender partes del arameo. Aprenderlo fue un factor de unión entre ellos.
     Caviezel acababa de cumplir 33 años cuando Gibson le propuso el papel de Cristo. Maia, quien interpreta a María, quedó embarazada durante el film lo que le dio una mayor naturalidad en su representación de Madre de Cristo, en la profundidad del amor maternal.

     También el Legionario de Cristo nos contó que tuvo la gracia de estar presente en la entrevista que el Santo Padre le concedió a Jim Caviezel. Luego el actor tuvo su audiencia totalmente privada y de eso no sabe nada. Sólo, nos decía, que para Jim el Papa es el Vicario de Cristo y era la mayor recompensa en la tierra que él pueda tener.


Guía y Comentario sobre La Pasión
     Les hago llegar este material que vale la pena: lo primero es una muy

buena guía para, como dice el título, ver el film con fruto. Luego siguen las impresiones de una hermana en Cristo quién me las hizo llegar apenas vista la película. Le pedí permiso para reproducirlas porque, por la espontaneidad y el fruto que ha producido en ella el film, me pareció importante compartir su testimonio.
P. Justo Antonio Lofeudo, 30 de marzo de 2004

 

10 conceptos para ver con fruto esta película:

     Conoce los 10 puntos indispensables para entender en su justa dimensión el mensaje de “La pasión de Cristo”. 

Pbro. Pablo Arce Gargollo

 

     Un equipo de "encuentra.com" ha tenido la oportunidad de ver con detenimiento una premiere de la película “The Pasión of the Christ”, de Mel Gibson y anota, de manera breve, algunos conceptos teológicos que pueden ser de utilidad al momento de ver la cinta.

 

      1.  La profecía

 

     Al inicio de la película se presenta un texto de Isaías 53. Es parte del conocido Cántico del siervo de Yaveh  que se encuentra en el libro de Isaías. Se recomienda tomar antes o después la Biblia y leer con detenimiento los siguientes capítulos y versículos: 42, 1-13; 49, 1-9; 50, 4-11; 52, 13 y 53, 12. Es una profecía de todo lo que sucedió en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Hay que señalar que se hace referencia al Justo, al que no tiene pecado, que derrama su Sangre por todos nosotros.

 

2. ¿Violenta?

 

     Sin tener  en cuenta lo anterior, alguien podrá pensar que aparece mucha sangre. La verdad de las cosas es que aparece mucha menos de lo que en realidad sucedió. Algún médico nos ha hecho notar que en la película no aparece la carne desgarrada, y los huesos expuestos, efectos de algunos de los flagelos. Además, no hay que quedarse solamente en el dolor físico. Hay que considerar también el tremendo dolor del alma de Jesucristo, sabedor del desprecio de su sacrificio de muchos hombres en ese momento y después. Es, sin duda, un dolor más doloroso y profundo que todas las heridas del cuerpo.

 

3. El dolor y el pecado

 

     El aspecto doliente de Cristo en la película es un reflejo de lo horrible que es el pecado. Nuestros pecados personales, los míos, son la causa de la pasión de Nuestro Señor. Al ver la película uno no puede quedar ajeno a ese sufrimiento y ha de reconocer que también nosotros herimos a Cristo. No se puede seguir a Cristo si no se ama y se acepta la cruz. Vale la pena fijarse la manera en que Cristo abraza y besa la cruz. Así hemos de actuar nosotros.

 

4. El papel del demonio

 

     A lo largo de la película aparece el demonio, intentando averiguar si Jesús de Nazareth es el Hijo de Dios y tentándolo para que no siga adelante en su acción redentora. El diablo existe y nos tienta. Aparece envuelto en una figura andrógina: cara de mujer y voz de hombre. Nos tienta con algo que aparece primeramente como bello, pero el fruto del pecado, representando en un momento como hijo suyo, tiene una cara espantosa. Es representado también a través de unos niños que logran desesperar a Judas. La manera más tremenda de tentar que tiene el demonio es quitando la esperanza.

 

5. La Eucaristía

 

     La película bien podría llamarse también “La Santa Misa”. Toda la cinta hace referencia a la Eucaristía. Vale la pena ver la cinta teniendo en cuenta que la Santa Misa, cada Misa, es el mismo sacrificio de la Cruz. Hay escenas muy logradas que unen lo sucedido en la Última Cena con el sacrificio del Calvario. Será lógico que nuestra participación o celebración de la Santa Misa sea más atenta, digna y devota.

 

6. La imagen de la Virgen

 

     La presencia de María Santísima es clave importante en la película. Aparece muy serena y con una mirada maternal. Sólo se puede entender la Pasión con los ojos de María. Luego, habrá que sacar consecuencias para la propia vida. Siguiendo a María hay que disponernos a morir con Cristo; perdonar a todos; guardar la paz del corazón y animarnos a acudir más confiadamente a su intercesión.

 

7. Un personaje más

 

     Hay muchos personajes que aparecen junto a Cristo. Cada uno de ellos tiene un comportamiento. Quien vea la película tratando de identificarse con alguno, podrá descubrir su actitud frente a Nuestro Señor y quizá se sorprenda  y decida cambiar su tenor de vida. Intentar actuar como Nicodemo es un buen propósito.

 

8. Gente como uno

 

     Habrá que detenerse también en la manera de actuar de los apóstoles. Llama la atención lo bien que está representado la actitud miedosa y pasiva ante el prendimiento y la Pasión de Cristo. Actúan como si no fueran discípulos y amigos de Jesús. Hemos de considerar que a pesar de ser débiles y tener muchos defectos, son los elegidos por Cristo como columnas de la Iglesia. Nos anima. Independientemente de las miserias humanas, creemos no por los apóstoles, ni por los sacerdotes, los obispos o el mismo Papa. Creemos por Jesucristo Nuestro Señor.

 

9. Fuente de gracia

 

     Algunos quedarán sorprendidos al ver el efecto que aparece en la cinta luego de la lanzada sobre el pecho de Nuestro Señor. Los expertos nos han asegurado que la retención de agua a lo largo de las horas de la pasión produce ese chorro que pudiera parecer exagerado. Tiene además, una significación precisa. Del corazón de Jesús mana, como fuente, la Gracia, la Iglesia, los Sacramentos. Medios que hemos de buscar para alcanzar la santidad. Una santidad que está en la vida ordinaria, en el trabajo bien hecho. Puede observarse la perfección del trabajo de Jesús en alguna escena y la alegría y el buen humor que se siguen de hacer las cosas como deben ser.

 

10. Amar la Cruz

 

     Quien logre ver la película intentando “meterse” como un personaje más, haciendo su oración personal y dejando que el corazón reaccione, logrará mucho fruto: seguramente concretará un cambio en sus actitudes; se decidirá a amar a la cruz de cada día con una sonrisa; tendrá verdadero horror al pecado, incluso el venial; buscará  la protección maternal de María Santísima contra las insidias del demonio y saldrá del cine lleno de alegría pues Cristo Nuestro Señor ha resucitado y vive entre nosotros esperando que cada uno sea un testigo coherente de su Vida y Mensaje.

 

LA PASIÓN DE CRISTO (testimonio)

    
He esperado tantos meses para ver esta película y he leído tanto sobre ella que realmente ansiaba verla. La verdad es que no es fácil levantarse del asiento del cine para irse. Querés quedarte ahí tratando de armar el rompecabezas, tratando de volver en sí después de semejante impacto al corazón.  

     No se trata de una de las mejores películas. Yo diría que es LA MEJOR DE TODAS y tampoco es casualidad que sea la mejor ya que no he escuchado nunca a ningún actor decir, por ejemplo, que comulgaba todos los días antes de iniciar las grabaciones. Si todos comulgáramos antes de iniciar nuestras actividades diarias también nosotros haríamos “la mejor película” de nuestras vidas en nuestros trabajos, en nuestras casas...  

     Me sentí identificada con más de un personaje. Es increíble verse reflejada en los apóstoles que vivieron 2000 años atrás e hicieron las mismas cosas que hago yo también hoy y que detesto en mí... Me impresiona ver cómo se repite la historia. No aguantaron orar ni siquiera una hora y pensé en las veces que por sueño no rezo el rosario o por descuido interrumpo una novena.

     Pensé en Pedro y en su seguridad de no traicionar a Jesús. Me ví muy parecida a él y hasta creo que hubiese actuado como él. Le hubiese asegurado que no lo defraudaría y que iría con él adonde Él fuera y luego creo que también lo hubiese negado 3 veces por temor a morir crucificada... Pude ver y sentir en Pedro mi propia fragilidad, mi debilidad. En cuántas cosas me siento tan segura y en realidad soy como una pluma que una brisa un poco fuerte lleva a otro lugar. Sin embargo esto no me provocó desazón sino decisión de estar con ÉL todo el tiempo que pueda, seguir comulgando todos los días y la decisión más firme aún de adorarlo sin interrupción. Hoy más que nunca es necesario adorar a Nuestro Señor para reparar todas nuestras faltas de caridad empezando por las mías.

     Cuando le preguntaron a Jesús qué haría Él con la mujer adúltera tampoco me sentí fuera de la escena porque pensé en todas las veces que juzgo sin tener suficiente información y aún teniéndola, quién soy yo para juzgar, pensaba...

     Qué rápido iba mi mente a medida que transcurría la película!!! Creo que hasta tuve un cierto cansancio mental y agotamiento emocional porque yo estaba en todos los personajes, todos tenían algo mío. Será por eso que la mayoría de la gente sale como extenuada porque aunque no quieras no podés evitar vivir estas cosas... no sé. El examen de conciencia se va haciendo solo, al verla.

     Es duro pensar y decir que también me vi identificada con la figura del demonio. Cuántas veces soy yo motivo de pecado para otros, cuántas veces con mis comentarios herí la estima, la reputación de otra persona, aproveché la ocasión para hablar mal y así subestimar a un hermano.  Resulta difícil pensar que uno puede ser demonio pero es verdad porque cada vez que actúo en contra de la ley de amor de DIOS estoy contra ÉL y si el único que está contra DIOS es el demonio pues yo me asemejo por mis actitudes a él. 

     Y por otro lado pensaba en los momentos en que el demonio se le apareció a JESÚS y cuándo y en qué circunstancias, con qué cosas se me aparece a mí, de qué manera... Como siempre él presentándose muy seductor, como salvador cuando en realidad él quiere llevarme al infierno. Pensaba también en el terreno que el demonio está ganando hoy por hoy porque ya casi nadie cree en él, entonces él se siente como pez en el agua. Hace y deshace como quiere porque nadie se protege de él. Cuántos hermanos míos ya no creen en él.

     Sería tonto protegerse de los fantasmas porque no existen, así hacen con el demonio. Creen que no existe y él mismo se hace cargo de que la gente no crea. Hay que admitirlo el demonio es muy astuto.

     Cuando veía a esos soldados pegar con tanto odio y Él soportándolo todo sin quejarse, sin agredirlos... pensaba... así tengo que actuar yo. Así tengo que amar yo. Así tengo que perdonar yo. E inmediatamente pensaba en la Eucaristía. Sólo con la ayuda de ÉL, sólo con Su alimento es posible lograrlo. Sólo alimentándome de su cuerpo y sangre con fe es factible este amor incondicional.

     Pensaba también en las veces que me ofendo o me enojo por pavadas!!!

     Pensé en el cireneo, cuando lo obligan a cargar la cruz. En casi todas las escenas me preguntaba qué hubiera hecho yo en su lugar? E inmediatamente traía esas imágenes a mi vida cotidiana. Me dí cuenta que intento aceptar pero inconscientemente tiendo a elegir las cruces, es decir, que no acepto TODO lo que me toca vivir. Y si estoy cargando una cruz que considero pesada e injusta estoy esperando la retribución por “mi sacrificio”.

     La figura de María, la madre de JESÚS Y MADRE NUESTRA es espectacular !!! Cuánto dolor y resignación!!! CUÁNTA FE!!!

     Yo que soy madre pensé en mis hijos, pensé en las veces que me he vuelto loca porque algo malo les había sucedido. Pensaba cómo hubiese actuado yo... no sé. VER MATAR AL ÚNICO SANTO, AL INOCENTE... no sé cómo hubiese reaccionado.

     El amor de María por su hijo y el amor de su hijo por ella está grandiosamente representado, mostrado a través de sus miradas. Tampoco hay miradas de odio hacia sus agresores... Qué amor, qué dolor, qué paciencia, qué humildad!!!

     María nunca lo dejó solo y lo acompañó hasta el final. Así nos acompaña a nosotros, hasta el final!!!

     Las miradas de JESÚS quedarán grabadas en mi retina para siempre.       Realmente ver la actuación de Jim Caviezel es como ver al propio Jesús y todo esto gracias a la comunión diaria ya que él comulgaba para asemejarse más a JESÚS y Jesús no iba a desaprovechar esta oportunidad, no? Es que comulgando nos asemejamos a Él, es de la única manera que podemos imitarlo...

     Me parece que esta película puede ser interpretada de miles de maneras porque es vista por miles de personas y cada uno la “VE” , la interpreta de acuerdo a la vida que ha llevado y lleva. No se puede hacer referencia a Mel Gibson o a Hollywood. Esta película es de la gente y fue hecha por obra y gracia de DIOS y sus instrumentos fueron ellos pero el logro ES DE DIOS.

     Pensé que iba a llorar más ya que soy de emocionarme con facilidad pero me provocó más shock que lágrimas. Sí me emocioné cuando María se acercó a Jesús en el momento en que ÉL cargaba la cruz y le dijo que Él renovaba todas las cosas... es que Él renovó mi vida y escuchar esas palabras pronunciadas hace más de 2000 años y sentir que son tan actuales como antes te provoca una emoción muy profunda. Pensé en su misericordia hacia mi persona, pensé en el amor que me tiene. Me ama y me siento amada por Él.

     Realmente salí del cine con muchas ganas de AMAR a mis hermanos, de perdonar a cuenta a todos, de no dejar que nada manche mi corazón. Siento en mi corazón: “....., no pequés más”.

     Lo único que le faltó al cine fue montar una Iglesia en la otra sala para que todos nos quedáramos acompañándolo a ÉL porque querés salir corriendo a una Iglesia para pedir perdón, para adorarlo... para acompañarlo, para estar con ÉL en silencio respetuoso.

     Sinceramente para mí la película no ha terminado... aún sigue en mi corazón y muchas cosas más están dando vueltas dentro de mí.


«La Pasión» de Mel Gibson presentada a miembros de la Curia romana
Reflexiones del padre Melchor Sánchez de Toca, del Consejo Pontificio de la
Cultura
 
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 17 marzo 2004 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario a la película «La Pasión de Cristo», dirigida por Mel Gibson, realizado por el padre Melchor Sánchez de Toca, jefe de Oficina del Consejo Pontificio de la Cultura, después de haberla visto en Roma en un pase privado a la Curia romana, el 15 de marzo, en el Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum».
 
     Escribo estas notas todavía bajo el impacto de las imágenes de «La Pasión» de Mel Gibson. Imposible no relacionar el rostro desfigurado de Jesús que aparecía en la pantalla con las imágenes de los rostros ensangrentados de las víctimas del atentado del 11 de marzo en Madrid. La cercanía entre ambos acontecimientos convierte a la película en un autorizado comentario: la Pasión de Cristo es la respuesta que Dios Padre ofrece a los hombres en el cuerpo maltrecho de su Hijo para dar un sentido al misterio incomprensible del sufrimiento de los inocentes [...].
     En realidad, la película es una meditación sobre la Pasión de Cristo. No es un documental, ni un kolossal, ni una de romanos. En el silencio sobrecogedor que reinaba en la sala durante las dos buenas horas de película, recordaba las conferencias sobre la Sábana Santa que daba el seglar Abelardo de Armas, en las que repasando las incontables crueldades sufridas por el hombre de la Sábana, repetía a modo de estribillo el ignaciano «todo esto por mí». También ayer, al salir de la sala, impresionado aún por la fuerza de las imágenes, el «por mí» resonaba dentro con la fuerza del martillo que atraviesa las manos de Jesús. Me dicen que al filmar esta escena, la mano que empuña el martillo es la del mismo Mel Gibson, que ha querido rubricar con este gesto de devoción y expiación su papel en la película: mis pecados han crucificado a Cristo.
     Desde luego es una película católica; pero no es la película católica, por mucho que algunos quisieran convertirla en una versión oficial canónica de la Iglesia. Es obra de un laico católico que ha invertido en ella su arte, su talento y su dinero -Gibson es, además, el productor- al servicio del Evangelio, y en ello reside todo su mérito. La catolicidad es evidente en el protagonismo que tiene la Virgen, en los detalles tomados de la tradición,
en la piedad que subyace, más cercana al alma hispana, por ejemplo, que a a piedad centroeuropea. Sin embargo, esto no impide que sea una empresa ecuménica; no creo que un cristiano de otra confesión tenga reparos en
aceptar esta interpretación de la Pasión y, a juzgar por el entusiasmo con que ha sido recibida por el mundo protestante americano, prestará un gran servicio a la causa del ecumenismo. Una confirmación de que el ecumenismo no siempre pasa necesariamente por la búsqueda del mínimo común. 
     La película es, además, un instrumento de evangelización y de catequesis de primer orden. Si los retablos de las iglesias medievales eran el catecismo donde los rudos aprendían la historia de salvación, esta película, y otras semejantes, serán un nuevo catecismo para nuestro tiempo. Dicen que cuando se estrenó «El divino impaciente» de Pemán, iban las parroquias enteras con su párroco al frente a ver la representación. Yo espero también que vayan a verla, y muchos, porque es un excelente instrumento de evangelización. Es difícil que quien la vea quede indiferente y no se plantee algunas preguntas muy serias: ¿Quién es ese Jesús? ¿Por qué murió? ¿Qué tengo yo que ver con él?, a lo que san Ignacio comentaría: «para que conociéndole, le ame y amándole, más le siga».
     Cinematográficamente es un «capolavoro». Santo Tomás dice que no se debe presentar la verdad con argumentos irrisorios, y la película no es ni kitsch, ni chapucera. Pocas concesiones a la espectacularidad hollywoodiana y sí en cambio muchos momentos de exquisita delicadeza. Lo mejor de la película, sin duda, el elemento femenino que la atraviesa. Todas las figuras femeninas son excepcionales, pero la presencia constante de la Madre, que acompaña al Hijo en la vía dolorosa, es como un contrapunto de ternura a la brutalidad de los hombres. No sólo María: también Magdalena, -la adúltera salvada de la lapidación por Jesús-, que no pronuncia una palabra en todo el film; la mujer de Pilatos, una espléndida y delicadísima Verónica... todas ellas constituyen una presencia femenina, tierna, una nota lírica en medio del fragor y la violencia ruda masculina. Y un detalle interesante: sí, junto a Cristo, María es la co-protagonista de este drama, el demonio es el antagonista. Omnipresente, desde el comienzo en Getsemaní hasta su derrota total en la cruz, inteligentemente representado por una figura andrógina, sinuosa, -no en vano aparece la serpiente-, es como la nota disonante que recorre la partitura de la Pasión.
     El Jesús de la Pasión es Jim Caviezel, un actor con las mismas iniciales y la misma edad que Jesús, como comenta él. Una interpretación sobria y discreta, sin estridencias, que hacen de él un Jesús creíble. Nada de un
Jesús rubio de ojos azules. Gibson no ha pretendido presentar un improbable Jesús histórico, reconstruido según la ideología de moda; ofrece simplemente el Cristo de la fe de la Iglesia, sin muchos aditamentos.

     Sobrecoge el silencio de Jesús a lo largo de la Pasión, una nota que ya subrayan los evangelistas. Abre la boca sólo para perdonar, para entregarse a la voluntad del Padre, o para rezar: las únicas palabras de Jesús que no están tomadas de los Evangelios proceden de los salmos, una feliz ocurrencia del director, que muestra a Jesús en diálogo permanente con el Padre, orando con las palabras de la Escritura. No estamos ni ante un héroe, ni ante un revolucionario idealista, sino ante el Hijo obediente hasta la muerte y muerte de cruz.
     La película muestra la brutalidad de los hombres. Después de lo sucedido en Madrid el 11-M, no es difícil imaginar hasta dónde puede llegar el desprecio a la vida. Pero no es un film violento: no se recrea en la violencia de los verdugos, sino en la paciencia de Jesús, en su sentido originario, es decir, en su capacidad de padecer. La película se centra en el sufrimiento «por mí». Es la Pasión, no Pulp Fiction; hay sangre, no casquería. No es la
violencia banal y gratuita a que nos ha acostumbrado el cine. Una hora y cincuenta y ocho minutos de pasión y dos minutos de resurrección que iluminan toda la película, como la luz del sol que invade gradualmente el
sepulcro, y que gritan que la muerte no es el final, que ha sido vencida por el sacrificio redentor del Hijo.
     La tensión de la película se rompe de vez en cuando con algunos flashbacks inteligentemente situados, que retrotraen al espectador a la vida de Jesús. La colocación de estos regresos no es casual. El entrelazamiento entre la vida pública y la Pasión subraya la profunda unidad de la vida de Cristo, de modo que si la vida de Jesús anuncia su Pasión, al mismo tiempo ésta proyecta su luz sobre toda la vida de Jesús. Enternecedora la imagen del niño Jesús que cae al suelo jugando en Nazaret, recogido por su madre, junto a la Virgen que en la vía dolorosa encuentra a su Hijo caído bajo el peso de la cruz; sobrecogedora la yuxtaposición de las imágenes del pueblo que aclama a Jesús el Domingo de Ramos y cinco días después lo conduce entre insultos por las mismas calles al patíbulo; el cuerpo torturado de Jesús en la cruz es «el cuerpo entregado por vosotros» de la última cena; a la
bellísima imagen de la gota de sangre que cae de la cruz le sigue la de la bendición del cáliz: «ésta es mi sangre que será entregada por vosotros».
     El guión sigue de cerca los Evangelios, con algunos detalles añadidos que proceden de la tradición cristiana, como la Verónica o los nombres de los dos ladrones. Mel Gibson confiesa además haber seguido de cerca «La amarga Pasión de Nuestro Señor Jesucristo», las visiones de la Venerable Anna Catalina Emmerick, recogidas y transcritas por el poeta Brentano. La estigmatizada alemana de principios del siglo XIX narraba con sencillez evangélica en su dialecto renano la escena evangélica «como si presente se hallase», dejándonos en sus vivísimas descripciones espléndidas meditaciones de la Pasión.
     Naturalmente, los historiadores y exegetas discutirán algunos detalles de la película, pero no creo que se pueda contestar la validez del intento. La reconstrucción del ambiente y el vestuario han sido cuidados hasta el último detalle. La elección de las lenguas puede resultar discutible. Junto al latín y el arameo, las dos lenguas utilizadas en el rodaje, se echa en falta el griego, que venía a ser como el inglés de la época, ampliamente difundido en Galilea y hablado probablemente también por Jesús. Más de uno se sorprenderá del diálogo entre Jesús y Pilato en latín, y no dejará de reconocer en los gritos de la soldadesca algunas palabras perfectamente
reconocibles aún hoy: «ite, ite», «quid facis, idiota!». Son detalles secundarios, que no desvían la atención del drama principal que se desarrolla ante los ojos del espectador.
     Una sola palabra sobre el antisemitismo de la película. Creo sinceramente que no es una película antisemita. Pero imagino que mis amigos judíos se sentirán incómodos viendo el retrato, fuertemente negativo, de las autoridades del pueblo. Como nos sentimos nosotros incómodos, o nos indignamos, cuando en una película aparecen obispos, sacerdotes o creyentes corruptos, torpes o incompetentes. Sabemos que ellos no son la Iglesia, como sabemos que las autoridades que condenaron a Jesús no son el pueblo judío.
     Tendríamos más motivos para indignarnos con los romanos, pero no creo que nadie vaya a protestar ante el alcalde de Roma por lo que hicieron sus soldados hace dos mil años. Somos culturalmente romanos y espiritualmente judíos; los hechos retratados en la película nos tocan muy de cerca, y sin embargo no es una requisitoria ni una vindicación contra nadie. El protagonista de la película es un judío; la co-protagonista, su Madre, -la persona más amada para mil millones de católicos en todo el mundo-, también lo es; judíos son Kefa y Yojanán, amigos íntimos del protagonista, y judíos somos también nosotros, descendientes de Abrahám, ramas del acebuche injertadas en el olivo bendecido por Dios.
     Definitivamente, el mensaje de la película es otro. Invita a cambiar de vida, a ser mejor: «Él dio la vida por nosotros; también nosotros debemos dar la vida por los hermanos»; lo dijo Yojanán, que estuvo junto a la cruz
cuando Jesús murió. La película deja bien claro que los responsables de esa muerte somos todos.
     No hay, ni puede haber una imagen definitiva y acabada de Cristo. Ningún pintor, ni escultor, ni director de cine logrará jamás plasmar sobre el lienzo o sobre el celuloide el Jesús entero con todos sus matices. Mel Gibson ha visto en la realización de esta empresa la misión para la que fue creado. Es indudable que con ello ha prestado un servicio precioso a la Nueva Evangelización, nueva en su expresión y en sus métodos y, sobre todo, en su ardor. Con esta película, ha logrado volver a presentar ante los ojos de un mundo incrédulo, frío y desinteresado, el drama del Hijo del Hombre, que «me amó y se entregó a la muerte por mí».


.


.
María Reina de la Paz/Apariciones/Mensajes/Ultimo Mensaje y Comentario/
Oraciones/Mensajeros de la Reina de la Paz/ Actividades/Encuentros/Noticias/Difusión/Grupo Magnificat/Enlaces/Títulos/