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Mensaje de María Reina de la Paz en Medjugorje del 25 de setiembre de 2014

¡Queridos hijos! También hoy los invito para que ustedes sean así como las estrellas, que con su resplandor dan luz y belleza a los demás, para que se alegren. Hijitos, sean también ustedes resplandor, belleza, alegría y paz, y especialmente oración para todos aquellos que están lejos de mi amor y del amor de mi Hijo Jesús. Hijitos, testimonien su fe y oración en la alegría, en la alegría de la fe que está en sus corazones y oren por la paz que es don precioso de Dios. Gracias por haber respondido a mi llamado.

Por medio de este mensaje la Santísima Virgen nos está llamando a la fe, pero a una fe tan arraigada y firme que pueda irradiar luz y contagie porque transmite alegría.

La alegría es hija de la fe, porque la fe es la certeza de la cercanía de Dios y de su amor. Toda preocupación se desvanece, todo temor se esfuma, todo dolor se aplaca, ninguna soledad entristece ni angustia cuando la mente y el corazón saben que Dios se hizo tan cercano en Jesucristo como para venir a compartir nuestra condición humana y hacerse compañero de camino. Por ello, cuando se llega a vivir profundamente la fe se la vive con alegría. Y siempre, se sabe, en medio del sufrimiento está el Señor y junto a Él su Madre, para fortalecernos y consolarnos. La fe también comporta la alegría de saber que el dolor se vuelve fecundo cuando es ofrecido y unido al sacrificio de Jesús, porque tiene valor de salvación. La misma fe en la Presencia del Señor en la Eucaristía, presencia real y verdadera, nos lleva a la alegría. Es la alegría del encuentro personal por el encuentro mismo y porque Él nos transmite su Espíritu y nos da vida eterna.

La fe no necesita de alharaca y el mundo tiene necesidad de testigos que le muestren que hay salvación porque hay un Salvador, Jesucristo. Por eso, el hijo de Dios, aún con su presencia silenciosa, puede dar testimonio de la fe gozosa e iluminar otras vidas. El apóstol de María es el hijo de Dios en este tiempo. Es aquel que vive con alegría en oración, se sostiene con la fe de saberse amado de Dios y de la Virgen, se nutre del Señor, en la Eucaristía y con su Palabra, y lleno de la paz de Dios se vuelve instrumento de su paz.

Apenas finalizada la guerra en Bosnia, cuando todavía había soldados que no habían regresado del frente, le pregunté a una religiosa qué le había impresionado más de la guerra, viviéndola allí en Medjugorje. Pensó unos segundos y respondió: “La diferencia entre los creyentes verdaderos y los que no tenían arraigada la fe o no creían. Cuando los serbios se estaban aproximando los creyentes mantenían la paz, pero a los que no tenían fe los vi temblar como hoja que la mueve el viento”. Por cierto, estar en medio de la guerra es un caso límite, pero ¡cuánta guerra hay ya en nuestro mundo, cuántas sociedades aniquilan a los más inocentes incluso con leyes, cuánta falta de paz en los corazones, en las familias! En el mundo hace tiempo que se hizo noche y las personas necesitan ver esos puntos de luz, como estrellas en la oscuridad nocturna, para orientarse, para no desesperar, para en medio de la fealdad del mal ver la belleza y el amor y al final acercarse a Dios y encontrar la salvación.

Por eso, junto a la fe nos exhorta nuevamente, aunque de una manera nueva, a la oración. Nos pide que demos testimonio en la oración de la alegría que viene de la fe. Orar para que esa alegría se extienda a quienes por no tener fe, por desconocer que Dios los ama y que tienen una Madre que también los ama, por rechazar o ignorar ese amor no sólo no tienen alegría sino que tampoco tienen paz.

“Oren, oren, oren, hasta que la oración se vuelva alegría”, había dicho casi al inicio de las apariciones. Nos ha ido así enseñando que la oración viene de la fe pero también la alimenta y que ambas, fe y oración conducen a la alegría. Oremos por la paz, y oremos también para que nuestra fe se manifieste con alegría y seamos portadores de la belleza de Dios y de la paz, de la verdadera, de la única, de la paz de Cristo.

P. Justo Antonio Lofeudo
www.mensajerosdelareinadelapaz.org

Y ya que de alegría y de fe se trata aquí va una noticia: el Cardenal Christoph Schönborn, Arzobispo de Viena, siendo él mismo miembro de la comisión internacional que trata sobre las manifestaciones de Medjugorje, no dudó en afirmar –en una improvisada entrevista- que tiene confianza en el proyecto del Señor sobre Medjugorje e instó a tener fe y a rezar. Se refirió a los buenos frutos espirituales sin negar que a veces hay situaciones que no han sido o no son lo claras que deberían ser. Aconsejó tener confianza en la presencia de la Santísima Virgen, porque Ella nos está diciendo que no nos deja solos, que Dios está presente. Dijo también el Cardenal que probablemente el Papa no se expida ahora pero que no nos preocupemos y vayamos con fe a Medjugorje.


¡Bendito, Alabado y Adorado sea Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar!