Oraciones

Oraciones/Jaculatorias/Coronillas/Novenas/Santo Rosario/Reflexiones/Devociones/

Oraciones

Plegaria por un enfermo

Soy todo tuyo María
Súplica a Dios
Consagración al Corazón de Jesús

Consagración al Corazón Inmaculado de María
Oración a la Madre de bondad, de amor y de misericordia  
Oración para el día de ayuno

Oración de intercesión al P. Slavko

Oración a San Pío de Pietrelcina

La meditación de la Palabra para los días jueves

Plegarias de sanación interior y de liberación

Súplicas a Jesús Sacramentado a favor del Clero
Oración por los sacerdortes
"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida": Meditación ante el Santísimo

Oración del adorador a la Santísima Virgen
Oración por los jóvenes
Oraciones enseñadas por el Ángel en Fátima a los pastorcitos

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Coronillas
Rezo de la coronilla de los siete PadreNuestros, AveMarías y Glorias
: "Rosario de la Paz"
Rezo de la Corona al Sagrado Corazón de Jesús
(Rezada por San Pío de Pietrelcina) 
Corona de los siete dolores de María Santísima 


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Novenas

Novena a la Reina de la Paz

Novena al Espíritu Santo

Novena de la Divina Misericordia

Novena de Oración y Ayuno: Consagración de la Argentina

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Santo Rosario

Los Misterios de la Luz del Santo Rosario: Los textos bíblicos

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Reflexiones

Reflexiones de la Madre Teresa sobre la oración

Las distracciones en la oración

El Poder del Santo Rosario

Más sobre el poder del Rosario

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Devociones

La devoción de los cinco primeros sábados


Devociones al Glorioso Patriarca San José-Los treinta días a San José (Para obtener una gracia extraordinaria)


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Plegaria por un enfermo  

     El 22 de junio de 1985 la Sma. Virgen, dictándole a Jélena Vasilij la oración por un enfermo, le dijo:

     “Queridos hijos: ¡La oración más hermosa que pueden rezar por un enfermo es precisamente ésta!”.

     La Virgen agregó que el mismo Jesús la ha aconsejado. El Señor quiere que durante el rezo de esta plegaria, tanto el enfermo como quien intercede por él, se abandonen con confianza en las manos de Dios.

   

     “¡Oh, Dios mío! El enfermo que se encuentra ante Ti ha venido a exponerte su voluntad, pidiéndote lo que juzga es para él la cosa más importante. Dios mío, infunde Tú en su corazón este convencimiento: ¡Lo importante es que gocemos de salud en el alma!.

     ¡Señor, que en todo se cumpla sobre él tu santa Voluntad! Si quieres su curación que se cure, pero si Tu voluntad es otra, que siga llevando su cruz.

     También te pido por cuantos intercedemos por él: purifica nuestros corazones para hacernos dignos de transmitir, por nuestro medio, Tu divina misericordia.

       Señor, protégelo y alivia sus penas. Que en él se cumpla Tu santa voluntad. Que por su medio sea revelado Tu Santo Nombre. Ayúdale a llevar con valentía su cruz”.

 

Se recita tres veces el “Gloria”

Soy todo tuyo María  

Virgen María, Madre mía, me consagro a ti

y confío en tus manos toda mi existencia.

Acepta mi pasado con todo lo que fue.

Acepta mi presente con todo lo que es.

Acepta mi futuro con todo lo que será.

Con esta total consagración te confío cuanto tengo y cuanto soy,

todo lo que he recibido de Dios.

Te confío mi inteligencia, mi voluntad, mi corazón.

Deposito en tus manos mi libertad, mis ansias y mis temores,

mis esperanzas y mis deseos, mis tristezas y mis alegrías.

Custodia mi vida y todos mis actos

para que le sea más fiel al Señor

y con tu ayuda alcance la salvación.

Te confío ¡Oh María! mi cuerpo y mis sentidos

para que se conserven puros y me ayuden en el ejercicio de las virtudes.

Te confío mi alma

para que tú la preserves del mal.

Hazme partícipe de una santidad igual a la tuya;

hazme conforme a Cristo, ideal de mi vida.

Te confío mi entusiasmo y el ardor de mi juventud,

para que tú me ayudes a no envejecer en la fe.

Te confío mi capacidad y deseos de amar;

enséñame y ayúdame a amar como tú has amado

y como Jesús quiere que se ame.

Te confío mis incertidumbres y angustias

para que en tu corazón yo encuentre seguridad,

sostén y luz en cada instante de mi vida.

Con esta consagración me comprometo a imitar tu vida.

Acepto las renuncias y sacrificios que esta elección comporta

y te prometo, con la gracia de Dios y con tu ayuda,

ser fiel al compromiso asumido.

¡Oh María!, soberana de mi vida y de mi conducta,

dispón de mí y de todo lo que me pertenece,

para que camine siempre junto al Señor bajo tu mirada de Madre.

¡Oh María! Soy todo tuyo

y todo lo que poseo te pertenece ahora y siempre. ¡Amén!

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Súplica a Dios 

     La Sma. Virgen le dictó la siguiente oración a Jelena el
22/6/85, aconsejándole que la recitasen en su grupo de oración:

 

Oh, Dios, nuestro corazón está en profunda oscuridad,

a pesar de nuestra unión a tu Corazón.

Nuestro corazón se debate entre Vos y satanás.

¡No permitas que eso ocurra!

Todas las veces que el corazón está dividido

entre el bien y el mal,

que sea iluminado por tu luz

y que reencuentre la unidad.

No permitas nunca

que en nosotros haya dos amores,

que puedan en nosotros coexistir dos creencias.

Que nunca cohabiten en nosotros

la mentira y la sinceridad,

el amor y el odio,

la honestidad y la deshonestidad,

la humildad y el orgullo.

Ayúdanos, en cambio,

para que nuestro corazón se eleve hacia Vos, como el de un niño.

Haz, Señor, que nuestro corazón esté radiante de paz

y que de ella tenga siempre nostalgia.

Haz que puedan habitar en nosotros

tu santa voluntad y tu amor.

Que deseemos, al menos algunas veces, ser tus hijos.

Y cuando, Oh Señor, deseemos ser tus hijos,

acuérdate de nuestros pasados deseos

y ayúdanos a nuevamente acogerte.

Te abrimos nuestros corazones

para que viva en nosotros tu santo amor.

Te abrimos nuestras almas

para que sean tocadas por tu santa misericordia,

que nos ayudará a ver claramente todos los pecados,

y nos hará comprender

que es el pecado el que nos hace impuros.

Deseamos, Dios, ser tus hijos

humildes y devotos,

para poder volvernos

tus hijos amados y sinceros,

así como el Padre quiere de nosotros.

Jesús, hermano nuestro, ¡ayúdanos!

a que obtengamos del Padre su bondad

y a que seamos buenos hacia Él.

Ayúdanos, Oh Jesús,

a comprender bien lo que Dios nos da,

porque a veces renunciamos a hacer

una buena acción, casi como si fuese un mal para nosotros. 

 

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Consagración al Corazón de Jesús

     "Oren y oren. Toda la parroquia debe rezarle todos los días a los Corazones de Jesús y de María durante la novena de la Inmaculada Concepción". Ese mismo día (28/11/83) la Sma. Virgen dictó las dos siguientes oraciones:

 

Oh, Jesús, sabemos que eres manso (Mt 11,29),

que has dado tu corazón por nosotros,

que fuiste coronado de espinas por nuestros pecados.

Sabemos que aún hoy ruegas por nosotros,

para que no nos perdamos.

Jesús, acuérdate de nosotros si caemos en el pecado.

Con tu corazón santísimo

haz que nos amemos entre todos nosotros.

Haz que desaparezca el odio entre los hombres.

Muéstranos tu amor.

Todos nosotros te amamos

y deseamos que nos protejas,

con tu Corazón de Buen Pastor.

¡Entra, Jesús, en cada corazón!

Golpea a la puerta de nuestros corazones,

sé paciente y tenaz con nosotros.

Estamos aún encerrados en nosotros mismos

porque no hemos comprendido tu voluntad.

Golpea sin cansarte, Oh Jesús,

haz que nuestros corazones se abran a Ti,

al menos acordándonos de la Pasión

que sufriste por nosotros.

Amén.

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Consagración al Corazón Inmaculado de María

Oh, Corazón Inmaculado de María,

ardiente de bondad,

muéstranos tu amor.

Que la llama de tu Corazón, Oh María,

descienda sobre todas las personas.

Te amamos inmensamente.

Imprime un amor verdadero en nuestro corazón.

Que nuestro corazón por ti suspire.

Oh, María, dulce y humilde de corazón,

acuérdate de nosotros cuando pecamos.

Tú sabes que nosotros, los hombres, somos pecadores.

Mediante tu sacratísimo y maternal corazón,

cúranos de toda enfermedad espiritual.

Haz que seamos capaces de ver la belleza de tu corazón maternal,

y así poder ser convertidos por la llama de tu corazón. Amén.

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     Oración a la Madre de bondad, de amor y de misericordia

 

Oh Madre mía, 
Madre de Bondad, de Amor 

y de Misericordia, 

te amo inmensamente y 

me presento ante Ti. 
Por tu bondad, amor y gracia, sálvame. 
Yo deseo ser tuyo y 
te amo inmensamente; 

deseo que Tú me protejas. 
Desde lo más profundo de mi corazón 
te ruego, Madre, concédeme tu bondad 
para que por medio de ella alcance el Cielo. 
Yo te ruego, por tu infinito amor. 
que me concedas la gracia 

de poder amar a todos los hombres, 
como Tú amaste a Jesucristo. 
Te ruego que me concedas la gracia 
de ser generoso contigo. 
Me ofrezco completamente a Ti, 
y deseo que estés conmigo 
en cada uno de mis pasos, 
porque Tú eres llena de gracia 
y deseo no olvidarlo nunca jamás. 
Y si alguna vez perdiera la gracia, 
te ruego que mc ayudes a recuperarla. Amén.  
(Dictada el 19/IV/83).

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Oración para el día de ayuno

(Miércoles y viernes)

 

     Padre amoroso, hoy he decidido ayunar.
Recuerdo que tus profetas ayunaban,

que Jesús Nuestro Señor ayunó,

y que también lo hicieron sus discípulos.

La Santísima Virgen también ayunó

y ahora me invita a que yo lo haga.

     Padre Eterno, te ofrezco este día de ayuno.

Que a través de él pueda yo estar más cerca tuyo,

me muestre tus caminos y abra mis ojos

para que reconozca tus muchos dones.

Que mi corazón rebose de amor hacia Ti y hacia mi prójimo.

     Señor, que este ayuno me haga crecer en comprensión

hacia el hambriento, el que está desposeído, el pobre.

Haz que vea mis posesiones como dones del peregrinar

que deben ser compartidos.

Dame también la gracia de la humildad

y la fuerza para hacer tu Voluntad.

     Señor, que este ayuno me limpie de los malos hábitos,

calme mis pasiones, y aumente en mí tus virtudes.

Y tú, Madre mía, obtén para mí la gracia de ayunar con alegría,

que mi corazón pueda cantar contigo

un canto de acción de gracias.

Pongo en tus manos mi decisión de ayunar con firmeza.

Enséñame, a través del ayuno, a ser más y más

como tu Hijo Jesucristo, por medio del Espíritu Santo.
Amén.

 

     Queridos hijos, hoy los invito a renovar la oración y el ayuno, aún con mayor entusiasmo, hasta que la oración se convierta en alegría para ustedes. Hijitos, quien ora no teme el futuro y quien ayuna no teme el mal. Les repito una vez más: sólo con la oración y el ayuno hasta las guerras pueden ser detenidas, las guerras de vuestra incredulidad y de vuestro miedo por el futuro (25/01/2001)

 

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Oración de intercesión al P. Slavko

 

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Dios, Padre de los Cielos, ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo Redentor del mundo, ten piedad del nosotros

Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros.

San José, ruega por nosotros.

Padre Slavko, Intercede por nosotros.
Amado hijo de nuestra Madre María, ....
Hijo fiel de nuestro Hermano Francisco, ....

Apóstol consagrado a Nuestra Señora, Reina de la Paz, ....
Administrador santo de los sagrados misterios de Dios, ....
Celoso abogado de la paz entre Dios y el hombre, ....
Abogado incansable de la paz entre toda la humanidad, ....
Vigoroso abogado de la paz entre las naciones, ....
Maestro ejemplar de la oración del corazón, ....
Ministro de Sagradas Liturgias, ....
Díscípulo de la Gospa que discierne su mensaje, ....
Terapista amable de los que están heridos y sufren, ....
Providente generoso de huérfanos y necesitados, ....
Custodio santo del Santuario de la Gospa, ....


Oremos,
     Padre Slavko, la Gospa te llamó a su santo santuario en la Parroquia de Santiago Apóstol para que pudieras discernir y diseminar sus mensajes de paz al mundo, y fueras ministro al servicio amoroso de los peregrinos de todas las naciones. Por tu vida santa y tus obras, consagrado a la Reina de la Paz, tú ni siquiera notaste el paso de esta vida a la otra, precisamente como Nuestra Madre Bendita lo prometió. Ya que ella nos asegura tu constante intercesión por nosotros, te pido con confianza que continúes guiándome en mi peregrinar en esta vida, y encomiendo a través tuyo los deseos de mi corazón al Corazón de mi Madre Inmaculada y al Sagrado Corazón de su Hijo, Jesús.

     Te pido en el nombre de Jesucristo Nuestro Señor, que vive y reina con Nuestro Padre, en la unidad del Espíritu Santo. Amén. 

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ORACIÓN A SAN PÍO DE PIETRELCINA

 

Padre Pío,

tú viviste en el siglo del orgullo,

y fuiste humilde.

 

Padre Pío,

tú pasaste entre nosotros en la época 

de las riquezas soñadas, jugadas y adoradas,

y permaneciste pobre.

 

Padre Pío,

junto a ti ninguno oía la Voz,

y tú hablabas con Dios.

Cerca de ti ninguno veía la Luz,

y tú veías a Dios.

 

Padre Pío,

mientras nosotros corríamos afanosos,

tú te quedabas de rodillas

y veías el Amor de Dios clavado a un Madero,

herido en las manos, en los pies y en el corazón,

para siempre!

 

Padre Pío,

ayúdanos a llorar delante de la Cruz,

ayúdanos a creer delante del Amor,

ayúdanos a sentir la Misa como llanto de Dios,

ayúdanos a buscar el perdón como abrazo de paz,

ayúdanos a ser cristianos con las heridas

que derraman sangre de caridad fiel y silenciosa,

como las heridas de Dios!

Amén.

Oración compuesta por

+Angelo Comastri

Arzobispo de Loreto

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La meditación de la Palabra para los días jueves

     Desde Medjugorje nuestra Madre del Cielo nos invita a que leamos todos los jueves (si es posible ante el Santísimo) el pasaje de Mateo, cap. 6 versículos del 24 al 34 que aquí transcribimos:

     24 Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.
     25 « Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
     26 Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
     27 Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?
     28 Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
     29 Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
     30 Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?
     31 No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
     32 Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
     33 Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
     34 Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal. (Mt 6,24-34)

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Plegarias de sanación interior y de liberación

Padre Gabriel Amorth


     Señor Jesús, Tú has venido a curar los corazones heridos y atribulados, te ruego que cures los traumas que provocan turbaciones en mi corazón; te ruego, en especial, que cures aquellos que son causa de pecado.

     Te pido que entres en mi vida, que me cures de los traumas psíquicos que me han afectado en tierna edad y de las heridas que han provocado a lo largo de toda la vida. Señor Jesús, Tú conoces mis problemas, los pongo todos en tu Corazón de Buen Pastor.

     Te ruego, en virtud de aquella gran llaga abierta en tu corazón, que cures las pequeñas heridas que hay en el mío. Cura las heridas de mis recuerdos, a fin de que nada de cuanto me ha acaecido me haga permanecer en el dolor, en la angustia, en la preocupación.

     Cura, Señor, todas esas heridas íntimas que son causa de enfermedades físicas. Yo te ofrezco mi corazón, acéptalo, Señor, purifícalo y dame los sentimientos de tu Corazón divino. Ayúdame a ser humilde y benigno.

     Concédeme, Señor, la curación del dolor que me oprime por la muerte de las personas queridas. Haz que pueda recuperar la paz y la alegría por la certeza de que Tú eres la Resurrección y la Vida.

     Hazme testigo auténtico de tu Resurrección, de tu victoria sobre el pecado y la muerte, de tu presencia viviente entre nosotros. ¡Amén!

 

     Oh, Señor, Tú eres grande, Tú eres Dios, Tú eres Padre, nosotros te rogamos, por la intercesión y con la ayuda de los Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, ser liberados del maligno que nos ha esclavizado. Oh, Santos, venid todos en nuestra ayuda!

     De la angustia, la tristeza y las obsesiones, nosotros te rogamos: Líbranos, Oh Señor.

     Del odio, la fornicación y la envidia, nosotros te rogamos: Líbranos, Oh Señor.

     De los pensamientos de celos, de rabia y de muerte, nosotros te rogamos: Líbranos, Oh Señor.

     De todo pensamiento de suicidio y de aborto, nosotros te rogamos: Líbranos, Oh Señor.

     De toda forma de desorden en la sexualidad, nosotros te rogamos: Líbranos, Oh Señor.

     De la división de la familia, de toda amistad mala, nosotros te rogamos: Líbranos, Oh Señor.

     De toda forma de maleficio, de hechizo, de brujería y de cualquier mal oculto, nosotros te rogamos: Líbranos, Oh Señor.

     Oh, Señor, que dijiste: “la paz os dejo, mi paz os doy”, por intercesión de la Virgen María concédenos ser liberados de toda maldición y gozar siempre de tu paz. Por Jesucristo Nuestro Señor. ¡Amén!

 

     Espíritu del Señor, Espíritu de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Santísima Trinidad, Virgen Inmaculada, ángeles, arcángeles y santos del paraíso descended sobre mí.

     Fúndeme, Señor, modélame, lléname de Ti, utilízame.

     Expulsa de mí todas las fuerzas del mal, aniquílalas, destrúyelas, para que yo pueda estar bien y hacer el bien.

     Expulsa de mí los maleficios, las brujerías, la magia negra, las misas negras, los hechizos, las ataduras, las maldiciones y el mal de ojo; la infestación diabólica, la posesión diabólica y la obsesión y perfidia; todo lo que es mal, pecado, envidia, celos y perfidia; la enfermedad física, psíquica, moral, espiritual y diabólica.

     Quema todos estos males en el infierno, para que nunca más me toquen a mí ni a ninguna otra criatura en el mundo.

     Ordeno y mando con la fuerza de Dios omnipotente, en nombre de Jesucristo Salvador y Señor, por intercesión de la Virgen Inmaculada, a todos los espíritus inmundos, a todas las presencias que me molestan, que me abandonen inmediatamente, que me abandonen definitivamente y que se vayan al infierno eterno encadenados por San Miguel Arcángel, por San Gabriel, por San Rafael, por nuestros ángeles custodios, aplastados bajo el talón de la Virgen Santísima Inmaculada. !Amén!

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SÚPLICAS A JESÚS SACRAMENTADO A FAVOR DEL CLERO

 

A nuestro Santísimo Padre,

        Envuélvelo en tu gracia, Señor.

A los Cardenales y Delegados,

        Envíales tu luz, Señor.

A los Sacerdotes Párrocos,

        Dales acierto, Señor.

A los Vicarios y Colaboradores,

        Guíalos, Señor.

A los Sacerdotes Misioneros,

        Protégelos, Señor.

A los Sacerdotes predicadores,

        Ilumínalos, Señor.

A los Sacerdotes Directores de almas,

        Instrúyelos, Señor.

A los Sacerdotes Religiosos,

        Hazlos perfectos, Señor.

A los Sacerdotes de Seminarios,

        Dales tu ciencia, Señor.

A los Sacerdotes en peligro,

        Líbralos, Señor.

A los Sacerdotes tentados,

        Dales el triunfo, Señor.

A los Sacerdotes en pecado,

        Dales tu gracia, Señor.

A los Sacerdotes celosos,

        Ayúdales, Señor.

A los Sacerdotes pobres,

        Socórrelos, Señor.

A los Sacerdotes débiles,

        Fortalécelos, Señor.

A los Sacerdotes turbados,

        Dales la paz, Señor.

A los Sacerdotes aislados,

        Acompáñalos, Señor.

A los Sacerdotes atados a las cosas de la tierra,

        Rompe sus cadenas, Señor.

A los Sacerdotes enfermos,

        Sánalos, Señor.

A los Sacerdotes ancianos,

        Sostenlos, Señor.

A los Sacerdotes difuntos,

        Dales la gloria, Señor.

De toda la Iglesia militante y purgante,

        Apiádate, Señor.

 

ORACIÓN

 

     ¡Oh Jesús, Sacerdote eterno! Guarda a tus Sacerdotes bajo la protección de tu Sagrado Corazón, donde nada pueda mancillarlos; guarda inmaculadas sus manos ungidas que tocan cada día tu Sagrado Cuerpo; guarda inmaculados sus labios diariamente teñidos con tu preciosa Sangre; guarda puros y despejados de todo afecto terrenal sus corazones, que Tú has sellado con la sublime marca del sacerdocio.

     Que tu santo amor los rodee y los preserve del contagio del mundo. Bendice sus tareas apostólicas con abundantes frutos y haz que las almas confiadas a su celo y dirección sean su alegría en la tierra, y su hermosa e inmarcesible corona en el cielo. Amén.

 

(Recítese ante el Santísimo expuesto o ante el Sagrario, para que el Señor dé a su Iglesia abundantes Sacerdotes Santos).

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Oración al Espíritu Santo por los sacerdotes 
(para pedir la renovación de los dones recibidos del Espíritu Santo)

     ¡Oh Espíritu Santo! En este día Te pido que vuelvas a inundar el alma de Tu SACERDOTE ..... como en el día de su ordenación. 

     Que vuelva él a sentir el gozo, la felicidad, la emoción tan grande de ese día. 

     Que nunca deje de sentir lo que sintió ese primer día, que nunca se vaya a convertir su vida en una rutina, que cada día amanezca con el mismo celo y la misma voluntad de servirte, sirviendo a los demás. 

     Haz que dé siempre buen ejemplo sin provocar envidias, haz que los que se acerquen a él sientan que se acercaron a Ti y que por medio de él tocaste sus vidas.
     Dale la humildad de reconocer que no somos nada, ni somos dignos de nada pero que por medio de Tu misericordia y por medio de Tu amor nos das todo sin merecerlo, y que lo único que nos queda es aceptarlo y pasar cada instante de nuestras vidas agradeciéndotelo. 
     Fortalece sus puntos débiles que son donde Tú manifiestas Tu gloria y sostén sus puntos fuertes, y que sepa reconocer con humildad y con verdad que lo bueno que hay en él, no es más que un reflejo de Ti mismo. No permitas que satanás obstaculice su camino, que cuando lleguen las tentaciones tenga la fuerza para vencerlas al instante, que nunca llegue a ofenderte con la ayuda de Tu gracia. Que sepa reconocer al demonio cuando se le llegue a presentar disfrazado y que sepa ahuyentarlo con el nombre de Jesús y de María. 

     Tu pueblo, Señor, necesita que él y todos Tus sacerdotes sean santos y totalmente entregados a Tu servicio. Ayúdalos porque lo que Tú les pides es muy difícil y sin Ti nada podrán  hacer. 
     Tú sabes todo lo que deseo pedir y no puedo expresar y lo tomas en cuenta. 
     También Te pido por todas las intenciones que él tenga en su corazón. Que sus sueños, sus anhelos y sus deseos siempre estén de acuerdo con Tu voluntad. 
     No permitas que conozca la tristeza, que su alegría interior sea tan grande que no haya nada que la pueda destruir ni afectar. 
     Tú sabes que mi intención es la de pedir por él ahora y siempre con la esperanza de que escuches mis pobres oraciones. 
     Gracias por todo lo que nos das y esperamos un día, por medio de Tu amor, Tu perdón, y Tu misericordia, llegar a gozar contigo por toda la eternidad en el cielo. Así sea. 

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Ego sum Via, Veritas, Vita
(Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, Jn 14:6)

Tú eres el Camino.
Tú eres mi Camino.
Sin Ti no tengo dónde ir,
sin Ti no tengo dónde llegar.
Sólo Tú me conduces y me guías al destino de Vida.
Sólo en Ti habita la Verdad.
Tú eres la Verdad. Tú eres la Vida.
Tú eres mi destino y mi Camino.
Todos los demás caminos son engañosos
y no llevan a la Vida.
Porque no parten de Ti ni concluyen en Ti.
Tú eres el Camino
que yo he de seguir.
No hay dos caminos, hay sólo uno
y eres Tú.
Tú nos muestras al Padre en Ti
mucho antes de llevarnos a Él,
porque Tú, el Camino, fuiste antes al Padre
de donde viniste.
“Quien ha visto al Hijo ha visto al Padre”.
Y Tú no te ocultas,
o sí, te ocultas para dejarte encontrar.
Tú estás en el pobre y abandonado
y en el más pequeño.
Allí te ocultas
como te ocultaste, Dios Todopoderoso,
en el Niño de Belén.
Tú estás en ese niño pequeño en el hospital
y en el adulto que muerde su soledad.
Tú estás en el último porque eres el Primero.
Tú estás en el corazón del justo.
Allí has ido con el Padre a hacer tu morada.
Estás, Señor, también en la asamblea
reunida en tu nombre
y en la Palabra.
Tú eres la Palabra,
Palabra encarnada en María.
Palabra de vida eterna.
Tú te ocultas
para que te encuentre quien te busca
humildemente, con corazón sincero.
No te vemos,
pero oímos tu voz
que nos llama
que nos salva.
Y si no te oímos
Tú nos escuchas.
Siempre.
El Padre se oculta en Ti
y en Ti se muestra.
Quien te ve, ve a Dios.
Pero Tú, Señor, te ocultas.
Te escondes en el pan
y en el vino consagrados
para que te sepa ver el que tenga fe.
¡Oh, sí! Tú estás en el Pan y en el Vino
de la Eucaristía,
porque eres el Camino,
y por Ti llegamos a ser atraídos
por el Espíritu
hacia el Amor divino
en cada comunión.
Y Tú, en cada comunión, nos llevas a tu Cielo.
Tú jamás nos mientes.
Tú has dicho: “Esto es mi Cuerpo. Esta es mi Sangre”.
Tú lo has dicho y Tú eres la Verdad.
Y el que come de tu carne
y bebe de tu sangre,
tiene vida, te tiene a Ti, Dios verdadero
que eres la Vida misma, la Vida eterna.
Tú eres, Jesús,
la Vida y el Camino y la Verdad en cada Eucaristía. Amén

P. Justo Antonio Lofeudo mss


 

Oración del adorador a la Santísima Virgen

Santísima Virgen, Madre de la Eucaristía,
Madre de Jesús y Madre nuestra.
Tú nos invitas a acercarnos a Jesús, 
a su Morada Eucarística
y a adorarlo sin cesar,
como tú lo adoras.
Que entendamos, Madre,
que en cada hora de adoración
Jesucristo nos sana, nos bendice,
disipa las nubes de dolor y soledad
y quita nuestra tristeza
regalándonos paz y amor.
Acompáñanos y haz de nosotros esos adoradores
que busca el Padre: en espíritu y verdad.
Ruega por nosotros Santa Madre de Dios. Amén.


 
Oración por los jóvenes

     María, Madre de Jesús y de la Iglesia, te recomendamos nuestros jóvenes. Tú los amas con un amor grande y puro. Para ellos tú tienes palabras dulces y silenciosas que nos son desconocidas. Tú escrutas el corazón y la mente.
     Te rogamos por ellos, te los confiamos. Mira que son inexpertos en la vida e insidiados por todas partes. Viven en ambientes malsanos y los asalta la corrupción. María, Madre Inmaculada de los jóvenes, no los abandones en la hora de la prueba. Haz que crean porque la vida sin fe es noche desesperada.
     Haz que sean puros, porque sin pureza no hay amor sino sólo egoísmo de los sentidos. Haz que sean fuertes e iluminados por la perfecta alegría, porque la vida es bella cuando sabe alcanzar la surgente de la gracia divina. Haz que sean honestos y laboriosos, sanos de mente y de corazón.
     María, mira las lágrimas de tantas madres preocupadas por el futuro de sus hijos. Que ellas sean ejemplo de vida para sus hijos, guías seguras en las dificultades. Vuelve sus palabras eficaces, da fuerza a sus acciones, escucha sus oraciones. Consuela las penas secretas y las incesantes ansias.
     Suscita ideales de perfección y santidad en el corazón de tantos generosos jóvenes.
     Que una juventud fuerte en la fe y en la pureza apure la nueva radiante primavera de la Iglesia de Cristo.
     Tú, Oh María, serás para nosotros segura guía y maestra en este maravilloso renacer. Amén.

 
Oraciones enseñadas por el Ángel en Fátima a los pastorcitos

¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! (Tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes con los que Él es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores”
(Los niños rezaban estas dos oraciones de rodillas y con la frente inclinada hacia el suelo)

 

 

ALGUNAS JACULATORIAS

    *      Jesús, María, os amo, salvad almas

    *      Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía

    *      Jesús, mi Dios y mi Todo

    *      Todo por Jesús

    *      Jesús, yo confío en Ti

    *      Providencia Divina del Corazón de Jesús, provéenos Tú

..  *      Todo lo puedo en Cristo que me fortalece

    *      Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí

    *      Jesús manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al Vuestro

    *      Madre llena de aflicción de Jesucristo las llagas graba en mi corazón

    *      Todo a la Mayor Honra y Gloria de Dios

    *      Señor, muéstranos tu Poder

    *      Donde está tu tesoro, allí está tu corazón

    *      Ven Señor no tardes

    *      Dulzura del Corazón de Jesús, sáname

    *      Sangre de Cristo lávame, Sangre de Cristo sáname

    *      Ven Espíritu Santo, mora en mí

    *      Espíritu Santo ilumínanos y santifícanos

    *      María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a vos

    *      María, Madre de Gracia y Madre de Misericordia en la vida y en la muerte ampáranos gran Señora

    *      Virgen Santísima no permitáis que vivamos ni muramos en pecado mortal

    *      Por las ánimas benditas del purgatorio, te suplicamos Señor que les des el descanso eterno 
         por tu Bendita  Pasión

    *      Santos Ángeles de la Guarda velad sobre nosotros

 

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Coronilla de los siete PadreNuestros, AveMarías y Glorias: "Rosario de la Paz"

 

            El rezo de la coronilla de los siete PadreNuestros, AveMarías y Glorias, es una devoción conocida de nuestra Iglesia, y que ya se rezaba en Medjugorje antes del inicio de las apariciones de la Sma. Virgen.

            En los comienzos de las apariciones, Nuestra Madre Reina de la Paz invitó a rezar esta coronilla por la Paz - en el mundo, en nuestros corazones, en nuestras familias -, de ahí que se lo ha conocido como el "Rosario de la Paz", si bien no es propiamente el Rezo del Santo Rosario. Luego vendrán sus invitaciones a rezar el tercio del Santo Rosario - 5 misterios - y más tarde el Rosario completo - 15 misterios -.

            De hecho, hasta el día de hoy en Santiago Apóstol, Parroquia de Medjugorje, al terminar cada Santa Misa, los celebrantes y los todos fieles puestos de rodillas, continúan rezando todos los días la coronilla de los siete PadreNuestros, AveMarías y Glorias.

            Este rezo consiste en la recitación - ¡Con el corazón como pide Ntra. Madre! - de un Credo (la “cuenta” que está sola) y luego se reza un PadreNuestro, un AveMaría y un Gloria por cada grupito de tres cuentas (los siete grupos).

 

            Esta coronilla también suele rezarse con la intención de:

 

 Recitación Diaria en Honor de las Santas Llagas

 

A cada invocación:

Padre Nuestro

Ave maría

Gloria

 

+ 1. Por la santa llaga de la mano derecha.

+ 2. Por la santa llaga de la mano izquierda.

+ 3. Por la santa llaga del pie derecho.

+ 4. Por la santa llaga del pie izquierdo.

+ 5. Por la santa llaga del sagrado costado.

+ 6. Por la Efusión del Espíritu Santo.

+ 7. Por el Santo Padre.

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Corona al Sagrado Corazón de Jesús (Rezada por San Pío de Pietrelcina)

    
Esta corona al Sagrado Corazón de Jesús era rezada todos los días por San Pío de Pietrelcina por todos aquellos que se encomendaban a sus oraciones.

1.- ¡Oh Jesús mío! Tú que dijiste "En verdad os digo: pedid y obtendréis, buscad y encontraréis, golpead y se os abrirá", he aquí que yo golpeo, yo busco, yo pido la gracia de .....
PadreNuestro, AveMaría, Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío y espero.

2.- ¡Oh Jesús mío!Tú que dijiste "En verdad os digo: cualquier cosa que pidáis a Mi Padre, en Mi Nombre, Él  os lo concederá", he aquí que a Tu Padre, en Tu Nombre, yo pido la gracia de .....
PadreNuestro, AveMaría, Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío y espero.

3.- ¡Oh Jesús mío! Tú que dijiste "En verdad os digo: pasarán el cielo y la tierra pero mis palabras no morirán", he aquí que apoyado en la infabilidad de Tus santas palabras, yo pido la gracia de .....
PadreNuestro, AveMaría, Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío y espero.

  Oh Sagrado Corazón de Jesús, a quien es imposible no tener compasión de los infelices, ten piedad de nosotros miserables pecadores y concédenos las gracia que te pedimos por medio del Inmaculado Corazón de María, tuya y nuestra tierna Madre.
  San José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Rezar un Salve.

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Corona de los siete dolores de María Santísima 
Para rezar cada sábado, especialmente en tiempo de cuaresma

Se inicia con el signo de la cruz y luego el credo
     "A mí pecador y a todos los pecadores concédenos la contrición perfecta de nuestros pecados" (3 veces). 

Por cada dolor se reza un Padrenuestro, siete Avemarías y Gloria.

Jaculatoria después de cada dolor: "Madre llena de misericordia recuerda a nuestro corazón los sufrimientos de Jesús durante la Pasión"


Los siete dolores a meditar son:

1) Profecía de Simeón (Lc 2:22-35)

2) Huida a Egipto (Mt 2:13-15)

3) Jesús niño, perdido y encontrado en el templo (Lc 2:41-50)
4) Encuentro con Jesús camino al Calvario (IV Estación del Via Crucis)
5) Crucifixión de Jesús (Jn 19:17-39)
6) Jesús es bajado de la cruz (Mc 15:42-46)

7) Jesús es sepultado (Jn 19:38-42)

 

Oración final
Oremos: Oh María, ¡Qué dolor pruebas aún al ver que muchas veces el sepulcro de Jesús está en nuestros corazones. Ven, Oh Madre, y con tu ternura visita nuestro corazón donde, a causa del pecado, sepultamos a menudo el amor divino. Y cuando tengamos la impresión de la muerte en el corazón, danos la gracia de volver nuestra mirada a Jesús Misericordioso y reconocer en Él a la Resurrección y la Vida. Amén. 


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Novena de la Divina Misericordia

     El Viernes Santo comienza la Novena de la Divina Misericordia en preparación a la Fiesta de la Divina Misericordia. Durante esta novena, llevaremos a todas las almas, aún las más endurecidas, a la fuente de la Misericordia que brota del Corazón de Jesús. 
     Jesús le dijo a Santa Faustina: "Deseo que durante esos nueve días lleves a las almas a la Fuente de Mi Misericordia para que saquen fuerzas, alivio y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida y especialmente en la hora de la muerte... Y no rehusaré nada a ningún alma que traerás a la Fuente de Mi Misericordia" (Diario 1209). 
     Piensen en el bien que podemos hacer con nuestras oraciones en este tiempo. En efecto, al rezar esta novena con todo el corazón, estaremos respondiendo al llamado de la Virgen el 25 de marzo del 2001: "Hijitos, viven un tiempo en el que Dios les da grandes gracias, pero ustedes no saben cómo aprovecharlas bien".
     ¡Saquemos provecho de estas gracias para nuestra propia conversión y para la conversión de tantos! 

Texto de la Novena a la Divina Misericordia en: 
http://www.divinamisericordia.org/novena1.html

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Fiesta de la Divina Misericordia

     El Domingo siguiente a Pascua es el Día de la Divina Misericordia oficialmente instituido en toda la Iglesia por el Santo Padre. La Fiesta de la Divina Misericordia es ahora celebración oficial de la Iglesia! Recordemos que le dijo Jesús a Sor Faustina a propósito de ese día:    

      "Hija mía, habla al mundo entero de la inconcebible (138) misericordia Mía. Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese (dentro de los 8 días previos o posteriores al "Domingo de la Misericordia") y reciba la Santa Comunión, obtendrá el perdón total de las culpas y las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias... La Fiesta de la Misericordia ha salido de Mis entrañas (139), deseo que se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua. La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi misericordia." (Diario 699).

     Todos debemos aprovechar la Fiesta de la Divina Misericordia y difundirla, con las promesas del Señor, a cuanto hermano encontremos en el camino. 
     No debemos olvidar que la devoción no se completa sin las obras de misericordia: a través de actos concretos como visitar enfermos, o transmitiendo la Palabra del Señor o mediante la oración, sobre todo de intercesión por aquellos que aún no conocen el amor de Dios. 
     Recomendamos leer la información que brindan nuestros hermanos difusores de la Divina Misericordia: http://www.divinamisericordia.com

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Novena de Consagración de la Argentina

Novena de Oración y Ayuno por nuestra Patria!

Queridos hermanos:
                            En el corazón de muchos de nosotros está la convicción de la absoluta necesidad de orar por la Argentina. Muchas son las iniciativas en ese sentido y todas excelentes. Esta novena también se suma al mismo objetivo, con el agregado del ayuno. Nuestra Madre, Reina de la Paz, nos dice que con oración y ayuno es posible detener las guerras, toda guerra, la guerra de nuestros corazones y las de las sociedades y naciones. Vivimos momentos de anarquía que pueden volverse aún peores. El pecado parece reinar: corrupción en la política, en las costumbres, en los medios, ofensas gravísimas a Dios, atentados contra la familia, contra la vida, leyes o proyectos de leyes que van contra la Ley de Dios,... y la lista es interminable. Pero, cada uno de nosotros puede hacer mucho con su oración y ayuno, con sus gestos y actos de amor, con la aceptación de los sacrificios de cada día. Y todos juntos, como Iglesia, hacer que nuestros ruegos lleguen hasta el mismo Señor que es Señor de la historia y que puede -con su gracia- cambiar los corazones y convertir este mal que nos aqueja en bendiciones.
                            Coronan esta novena los actos de consagración a los Sagrados Corazones de Jesús y de María para encontrar en ellos refugio, consuelo y salvación.

                            Que el Señor, por intercesión de su Santísima Madre, y Madre nuestra, nos dé la paz y devuelva la alegría.
                                                       MENSAJEROS de la REINA de la PAZ

 

Nota: La novena es una adaptación de la propuesta por Sor Emmanuel en su reciente mensaje de Children of Medjugorje.

Consagremos nuestra patria al 

Sagrado Corazón de Jesús y al Corazón Inmaculado de María


¡Atraigamos una lluvia de gracias sobre la Republica Argentina!



     En respuesta a las peticiones hechas en Fátima y en Medjugorje de consagrar cada nación al Sagrado Corazón de Jesús y al Corazón Inmaculado de Maria, invitamos a todos aquellos que lo deseen a unirse en oración durante esta:


Novena de Oración y Ayuno 

     Concretamente consiste en la oración ininterrumpida durante los nueve días de la Novena, 24 horas al día, apoyada por cualquiera que se sienta inspirado por esta iniciativa. Cada persona puede comprometerse a hacer una hora de oración (en el día o en la noche), dondequiera que esté, y ofrecer un Rosario, una Misa, Adoración, el Vía Crucis o cantos de alabanza, de acuerdo a sus posibilidades y ofrecer un día de ayuno o de omitir tan solo una comida.
     Esta Novena debe ser rezada en profunda comunión con la Iglesia entera. Culminará con una oración de consagración (adjunta) que está inspirada en la consagración del mundo por el Papa en 1984 y en la reciente oración pronunciada en Roma el 7 de Octubre de 2000 para el ingreso al Tercer Milenio. La Novena puede ser rezada en casa, en comunión con todos los demás participantes; o con varias personas congregadas para ese propósito. Pueden hacer un horario para su grupo de oración o parroquia para que se anoten. Durante este tiempo también pueden realizar obras de misericordia en favor del prójimo, tomar la iniciativa para pedir perdón, visitar enfermos, dar limosnas... ¡También pueden proponer esta iniciativa a los miembros de su familia, amigos, parroquia, comunidad vecinal, grupo de oración, etc., de modo tal que tenga mucho fruto!

 

Oración de Consagración

     En unión con toda la humanidad, en comunión con la Iglesia entera y con nuestro Santo Padre, el Papa Juan Pablo II, dirigimos a Ti, oh Padre, por las manos de María y de su Corazón Inmaculado, esta súplica especialmente por Argentina.
     Padre, envía a Tu Espíritu Santo, a fin de que cada uno de nosotros pueda convertirse en instrumento de Tu paz.

¡Del hambre y la guerra, líbranos!
¡De la guerra nuclear, de la incalculable autodestrucción, de toda clase de guerra, líbranos!
¡De los pecados contra la vida del hombre desde el momento de su concepción, líbranos!
¡De toda clase de injusticia en la vida de la sociedad, tanto nacional como internacional, líbranos!
¡De la facilidad con que pasamos por encima de los mandamientos de Dios, líbranos!
¡Del intento por extinguir la verdad misma de Dios en los corazones humanos, líbranos!
¡De la falta de conciencia del bien y del mal, líbranos!
¡De los pecados contra el Espíritu Santo, líbranos!

     Madre de Cristo y Madre de todos los hombres, pedimos tu protección e intercesión. Jesucristo, el Redentor del mundo te confió a nosotros como nuestra Madre; ruega a tu Hijo por nosotros que envíe en abundancia al Espíritu Santo, el Espíritu de la verdad que es la fuente de Vida. Acoge al Espíritu para nosotros y con nosotros, tal como hiciste en el día de Pentecostés con los primeros discípulos.
     Madre, Tú  sabes y conoces nuestros sufrimientos y esperanzas. Hoy te confiamos a Argentina, nuestro país. Te suplicamos que nos acompañes en nuestro camino; nosotros que, como el Apóstol Juan, deseamos acogerte en nuestras casas, aprender de ti a ser semejantes a Jesús.

     Dentro del refugio de tu misericordia, buscamos refugio, ¡oh Santa Madre de Dios!
     Asístenos en las dificultades diarias que la vida nos presenta a cada uno de nosotros.
     A Ti, la Aurora de Salvación, confiamos el futuro y la entrada al nuevo Milenio. Te confiamos a todas las personas, comenzando por aquellos que son los más débiles y que sufren más: los niños no nacidos, aquellos cuya vida está amenazada, aquellos que nacieron en la pobreza, a los jóvenes que buscan un sentido a sus vidas, a los refugiados, a los desempleados, a quienes son probados por la enfermedad, a las familias que están divididas, a las personas ancianas privadas de asistencia y a todos los que están solos y sin esperanza.
     Guía a tus hijos para que con tu ayuda, todos podamos reconocer a Cristo como Luz del Mundo.
     ¡Qué el infinito poder de la Redención se eleve nuevamente sobre la historia del mundo, el poder del Amor Misericordioso del Padre! ¡Qué el Espíritu Santo transforme las conciencias! ¡Qué Él sane nuestros recuerdos y purifique nuestros corazones! Qué el Señor siempre reine entre nosotros, Él que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Acto de Consagración a la Santísima Virgen María
(Por San Luis María Grignion de Montfort)

     Yo, ....., hijo o hija de Dios por Jesús, renuevo y pongo los votos de mi bautismo en tus manos, Reina de Cielos y tierra. Renuncio para siempre a Satanás y a sus obras. Me ato y me ofrezco completamente a Jesucristo, Sabiduría Encarnada, para llevar mi cruz y seguirlo cada día de mi vida. Y para que pueda ser más fiel de lo que fui hasta ahora, en presencia de toda la corte celestial, Te escojo hoy, oh María, por Madre y Reina mía. Te entrego y te consagro con toda sumisión y amor mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores, y hasta el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras, dejándote entero y pleno derecho de disponer de mí y de todo cuanto me pertenece, sin excepción, según tu agrado, para mayor gloria de Dios en el tiempo y en la eternidad. Amén.

Acto de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús
(Dado por Santa Teresita del Niño Jesús al Hermano Marcel Van)
Oh Jesús, consagramos Argentina a Tu amor.
Oh María, Madre nuestra, sé Tú la fortaleza de Argentina.
Oh Jesús, abraza en Tu amor el país que Tú amas.
Oh María, Madre nuestra, Te rogamos, mira a los sacerdotes de Argentina con compasión.
 

Oración por la Patria Argentina

(Conferencia Episcopal Argentina)

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.

Nos sentimos heridos y agobiados.

Precisamos tu alivio y fortaleza.

Queremos ser nación,

una nación cuya identidad

sea la pasión por la verdad

y el compromiso por el bien común.

Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios

para amar a todos sin excluir a nadie,

privilegiando a los pobres

y perdonando a los que nos ofenden,

aborreciendo el odio y construyendo la paz.

Concédenos la sabiduría del diálogo

y la alegría de la esperanza que no defrauda.

Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor,

cercanos a María, que desde Luján nos dice:

¡Argentina! ¡Canta y camina!

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Amén.

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Los Misterios de la Luz del Santo Rosario
Los textos bíblicos
 


1. El Bautismo de Jesús en el Jordán

(Mt 3, 13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-22)

 

Mt 3, 13-17: Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”. Pero Jesús le respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”.

 

Mc 1,9-11: En aquellos días, Jesús llegó desde Nazareth de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: “Tú eres mi Hijo querido, en ti tengo puesta toda mi predilección”.

 

Lc 3,21-22: Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”.

 

 

2. La revelación que Jesús hace de sí mismo en las bodas de Caná

(Jn 2,1-11)

 

Jn 2,1-11: Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le respondió: “Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía”. Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan todo lo que él les diga”. Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los Judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: “Llenen de agua estas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde. “Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete”. Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: “Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento”. Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

 

 

3. Jesús anuncia del Reino de Dios invitando a la conversión

(Mc 1,14-15; Mt 4,12-17; Lc 4,14-22)(Mc 2,13-17; Lc  8,47-48)

 

Mc 1,14-15: Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: “El tiempo se ha cumplido: el reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia”.

 

Mt 4,12-17: Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazareth, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el reino de Dios está cerca”.

 

Lc 4,14-22: Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan. Jesús fue a Nazareth, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracias del Señor”. Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca.

 

Mc 2,13-17:  Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. Los escribas del grupo de los Fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: “¿Por qué como con publicanos y pecadores?”. Jesús, que había oído, les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

 

 

4. La Transfiguración de Jesús

(Mt 17,1-9; Mc 9,2-10; Lc 9,28-36)

 

Mt 17,1-9:  Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.» Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo.» Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.» Sus discípulos le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?» Respondió él: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo. Os digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos.» Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.

 

Mc 9,2-10: Les decía también: «Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios.» Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: «Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»; - pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados -. Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: «Este es mi Hijo amado, escuchadle.» Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de entre los muertos.» Y le preguntaban: «¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?» El les contestó: «Elías vendrá primero y restablecerá todo; mas, ¿cómo está escrito del Hijo del hombre que sufrirá mucho y que será despreciado? Pues bien, yo os digo: Elías ha venido ya y han hecho con él cuanto han querido, según estaba escrito de él.»

 

Lc 9,28-36:  Sucedió que unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Y sucedió que, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías», sin saber lo que decía. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle.» Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.

 

 

5. La Institución de la Eucaristía

(Mt 26,26-29; Mc 14, 22-25; Lc 22, 19-20; 1Cor 11,23-25)

 

Mt 26,26-29:  Mientras comían, Jesús tomo el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen y coman, esto es mi Cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: “Beban todos de ella, porque ésta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados. Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre”.

 

Mc 14, 22-25:  Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen, esto es mi Cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: “Ésta es mi sangre, la sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”.

 

Lc 22, 19-20: Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Después de la cena, hizo lo mismo con la copa, diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes”.

 

1Cor 11,23-25: Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: “Ésta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía”. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.  

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Reflexiones de la Madre Teresa sobre la oración

     El primer requerimiento de la oración es el silencio. Las personas de oración son personas de silencio.
     La oración no es pedir. La oración es ponerse uno mismo en las manos de Dios, a disposición suya, y escuchar Su voz en la profundidad de nuestros corazón.  

     Hay mucha gente que, para no orar, utilizan la excusa de que la vida es tan agitada que las aparta de la oración. Esto no puede ser. La oración no necesita que interrumpamos nuestro trabajo sino que continuemos trabajando como si fuera una oración. No es necesario estar siempre meditando, ni conscientemente experimentar la sensación de que estamos hablando con Dios, no importa cuán bello esto pueda ser. Lo que importa es estar con Él, vivir con Él, en Su voluntad. Amar con un corazón puro, amar a todos, especialmente amar al pobre, es oración de 24 horas al día.
     La oración hace más grande a tu corazón, hasta que es capaz de contener el don de Dios mismo.


De la Madre Teresa de Calcuta: “Con mis propias palabras”.

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Las distracciones en la oración

    El Padre Pío escribió: "cuando tengas distracciones no te distraigas aún más deteniéndote a considerar el porqué y el cómo y el dónde. Así como un viajero que erra su camino vuelve al correcto tan pronto como se da cuenta de ello, así también tú debes continuar meditando sin detenerte en las distracciones que tuviste.
    El más hermoso credo es el que viene de tus labios en sequedad, en sacrificio, en dolor, en el supremo esfuerzo de una voluntad que no se dobla para siempre. Es este el que como relámpago penetra en la oscuridad del alma; es este el que como golpe de tempestad te levanta y te lleva hacia Dios".

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El Poder del Santo Rosario

    La Santísima Virgen, que tiene unos 120 títulos o quizás más, en Fátima eligió este:
"Yo soy la Señora del Rosario"
    San Francisco de Sales decía que el método más grande de oración es: rezar el Rosario.
    Santo Tomás de Aquino predicó en Roma, durante 40 días corridos, sólo sobre el Ave María.
    San Juan María Vianney, patrono de los párrocos, siempre tenía el rosario en la mano.
    El Papa Adriano VI decía que "el Rosario es el látigo para el demonio".
    "El Rosario es un tesoro de gracias" (Papa Pablo V).
    El Beato y estigmatizado Padre Pío decía: "El Rosario es EL ARMA".
    El Papa León XIII escribió 9 encíclicas sobre el Rosario.
    El Papa Juan XXIII habló, como Sumo Pontífice, en 38 ocasiones acerca de Nuestra Señora y el Rosario. Él rezaba diariamente el Rosario completo, los 15 misterios.
    San Louis Marie Grignion de Montfort escribió : "El Rosario es el arma más poderosa para tocar el Corazón de Jesús, Nuestro Redentor, quien ama a Su Madre."
    El día tiene 1440 minutos. ¿Le darías el 1% de eso a Dios? El Rosario completo, los 15 misterios de gozo, de dolor y de gloria meditados representan sólo 1 hora y media de nuestro tiempo, y rezados con el corazón la eternidad.

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Más sobre el poder del Rosario

Mensaje del 25 de febrero de 1988

"Queridos hijos, también hoy deseo invitarlos a la oración y al abandono total a Dios. Sepan que los amo y que vengo acá con amor para mostrarles el camino de la paz y de la salvación de sus almas. Deseo que me obedezcan y que no le permitan a Satanás que los seduzca. Queridos hijos, Satanás es fuerte y es por esto que pido sus oraciones y que me las ofrezcan por aquellos que están bajo su influjo, para que ellos se salven. Den testimonio con sus vidas y sacrifiquen sus vidas por la salvación del mundo. Estoy con ustedes y les doy gracias. Luego, en el Cielo, recibirán del Padre la recompensa que les ha prometido. Por eso, hijitos, no se preocupen. Si oran, Satanás ni siquiera mínimamente puede enredarlos, porque ustedes son hijos de Dios y Él tiene Su Mirada puesta en ustedes. ¡Oren!, que el Rosario esté siempre en sus manos y sea señal para Satanás de que me pertenecen. Gracias por haber respondido a mi llamado."

Del 25 de enero de 1991

"Queridos hijos, hoy -como nunca antes de ahora- los invito a la oración. Que la oración sea oración por la paz. Satanás es fuerte y quiere destruir no sólo la vida humana sino también la naturaleza y el planeta en el que viven. Por ello, hijitos queridos, oren para poder estar protegidos, por medio de la oración, con la bendición de Dios. Dios me ha enviado a ustedes para que los ayude. Si así lo quieren, aferren el Rosario que es el que puede hacer milagros en el mundo y en sus vidas. Los bendigo y permanezco con ustedes hasta que Dios lo quiera. Gracias porque ustedes no traicionarán mi presencia aquí. Gracias porque sus respuestas sirven al bien y a la paz. Gracias por haber respondido a mi llamado."

Del 25 de agosto de 1997

"Queridos hijos, Dios me concede este tiempo cual don para ustedes, para que pueda instruirlos y conducirlos en el camino de la salvación. Ahora, hijos queridos, ustedes no comprenden esta gracia pero pronto ha de venir el momento en el que añorarán estos mensajes. Por ello, hijitos, vivan todas las palabras que les he dado en este período de gracia y hagan revivir la oración hasta cuando ella se vuelva alegría. Invito de manera particular a todos los que se han consagrado a mi Corazón Inmaculado a que sean ejemplo para los otros. Invito a todos los sacerdotes, religiosos y religiosas a rezar el Rosario y a enseñar a los otros a orar. Hijitos, el Rosario es particularmente importante para mí. Por medio del Rosario es que ustedes me abren sus corazones y yo puedo ayudarlos. Gracias por haber respondido a mi llamado."

    Entre sus muchísimos títulos (hay quien los contó y dice que son 117, pero seguramente son muchos más) la Santísima Virgen eligió en Fátima este título: "Yo soy la Señora del Rosario».
    En Lourdes apareció con un gran rosario en su mano.
    En Medjugorje nos pide rezar el Rosario completo cada día. En San Nicolás también se dio a conocer como Nuestra Señora o Virgen del Rosario.
    El Santo Rosario es don del Cielo, de la Madre de Dios, que a través de Santo Domingo de Guzmán nos llega a los cristianos. Este santo, que fundó la Orden de los Predicadores, enseñó a sus frailes también la prédica del Rosario junto a la de los Evangelios.
    San Francisco de Sales decía que el mayor método de oración es rezar el Rosario.
    Durante 40 días seguidos Santo Tomás de Aquino predicó en Roma sólo el Avemaría.
    A san Juan Vianney (el Cura de Ars), patrono de los sacerdotes, eran muy raras las ocasiones en que no se lo veía con el rosario en la mano.
    También los Papas han mostrado una gran devoción hacia el Rosario. Así, Adriano VI decía que «el Rosario es el azote para el demonio» y Pablo V encontraba en el Santo Rosario "un tesoro de gracias ".
    San Pío V convocó a una cruzada del Rosario ante el asedio turco a Europa. El 7 de octubre de 1571 los cristianos milagrosamente derrotaban a las fuerzas turcas en Lepanto. Como acción de gracias y en reconocimiento que el triunfo se debía a la oración a María, el Papa dominico instauró la fiesta del Santo Rosario el 7 de Octubre.
    El Papa León XIII escribió 9 encíclicas sobre el Rosario.
    El Papa Juan XXIII habló de la Virgen y el Rosario en 38 oportunidades. Él lo rezaba diariamente, completo, en sus 15 misterios. Conocida era la devoción de Pablo VI y ¿qué no decir de nuestro actual Papa, Juan Pablo II, hijo predilecto de María?
    El Padre Pío lo definía así: «El Rosario es el arma». En efecto, el Beato Padre Pío tenía una gran veneración por la Santísima Virgen y rezaba el Rosario cada vez que tenía un momento disponible. Para él era una devoción muy importante sin la cual consideraba que la vida del cristiano era incompleta. Cada vez que tenía un poco de tiempo, en el corredor del convento, en las escaleras, aún yendo o viniendo del confesionario, se lo podía ver haciendo pasar las cuentas entre sus dedos. Una vez le dijo a uno de sus superiores que él decía más de treinta rosarios por día. Al Rosario lo llamaba su "arma contra el demonio" y, a menudo en su vejez, cuando no podía encontrar su rosario preguntaba: "¿dónde está mi arma?". E insistía que sus hijos espirituales hiciesen del Rosario parte de sus devociones diarias.
    San Luis María Grignion de Montfort escribió : «El Rosario es el arma más poderosa que toca el Corazón de Jesús, nuestro Redentor, quien ama a su Madre».
    Cómo no darle a Dios al menos el 2% del tiempo de cada día! Es lo que se emplea en rezar un Rosario como nos pide nuestra Madre, pausadamente. Todo el Rosario completo, los 15 misterios, sólo representa 1½ hora.

LAS 15 PROMESAS DE MARÍA A QUIENES RECITEN EL ROSARIO :

1. Quien fielmente me sirva rezando el Rosario ha de recibir signos de gracia.
2. Prometo mi protección especial y las mayores gracias a todos aquellos que recen el Rosario.
3. El Rosario ha de ser una coraza poderosa contra el infierno. Destruye los vicios, disminuye el pecado y derrota a las herejías.
4. Hará que la virtud y las buenas obras florezcan y obtendrá para las almas la abundancia de la misericordia de Dios; liberará los corazones de los hombres del amor a las cosas del mundo y sus vanidades, y los elevará hacia el deseo de las cosas eternas. ¡Cuántas almas han de santificarse por este medio!
5. El alma que a mí se encomiende por el rezo del Rosario no perecerá. Todo aquel que lo rece con devoción meditando los sagrados misterios, no será alcanzado por la desgracia. Dios no lo castigará en su Justicia y no morirá de muerte imprevista si él permanece en gracia de Dios y se vuelve merecedor de la vida eterna.
7. Quien tenga una verdadera devoción por el Rosario no ha de morir sin los Sacramentos de la Iglesia.
8. Aquellos que sean fieles en el rezo del Rosario han de tener durante su vida y en el momento de su muerte, la luz de Dios y la plenitud de sus gracias. En el momento de la muerte participarán de los méritos de los santos en el Paraíso.
9. A aquellos que han sido devotos del Rosario yo los libraré del Purgatorio.
10. Los hijos fieles del Rosario merecerán un alto grado de gloria en el Cielo.
11. Por el rezo del Rosario serán escuchados en sus peticiones.
12. Todos aquellos que propagan el Santo Rosario serán por mí ayudados en sus necesidades.
13. Para todos los abogados del Rosario, he obtenido de mi Divino Hijo que la entera corte celestial sean sus intercesores durante sus vidas y a la hora de la muerte.
14. Todos los que rezan el Rosario son mis hijos y hermanos de mi único Hijo Jesucristo.
15. La devoción de mi Rosario es gran signo de predestinación.
(Promesas hechas al Beato dominico Alain de la Roche)

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La Virgen María y la Devoción de los cinco primeros sábados

 

"Finalmente, mi Corazón Inmaculado triunfará..." (Fátima, 13 de julio de 1971)

La Devoción al Corazón Inmaculado de María

La Santísima Virgen, en el año 1917, se aparece en Fátima, Portugal, a tres humildes pastorcitos de 10, 9 y 7 años: Lucía, Francisco y Jacinta, y les da una serie de mensajes de conversión, personales y proféticos. Es lo que se llama una revelación privada.

Nos podemos preguntar: ¿Qué es lo más importante del mensaje de Fátima? La respuesta es sencilla: El descubrimiento al mundo del Corazón Inmaculado de María como el tesoro de gracias que Dios nos ofrece, en estos tiempos, para la salvación de nuestras almas.

     a) Origen de la devoción
Mensaje del 13 de junio de 1917 en Fátima (2da. aparición)

Cuenta Lucía en sus “Memorias" que, al ver a la Virgen María ese día, le pidió que los llevara al cielo con Ella. La Santísima Virgen le respondió con palabras llenas de amor y de gran importancia para todos nosotros:

- "Si, a Jacinta y a Francisco me los llevo pronto, pero tú te quedas en el mundo un tiempo más porque Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Éll quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. A aquellos que abracen esta devoción les prometo la salvación y serán predilectas de Dios estas almas, como flores puestas por Mi para adornar su trono".

- "¿Y me quedo yo sola?” preguntó con tristeza Lucía.

- "No, hija, yo nunca te abandonaré. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios.  

        b) Anuncios de María al mundo

Mensaje del 13 de julio de 1917 en Fátima (3ra. aparicIón)

Por designio divino la Santísima Virgen da al mundo, a través de los pastorcitos, una serie de mensajes proféticos que se han ido cumpliendo a su debido tiempo: el fin próximo de la primera guerra mundial (1914-1918), la caída de Rusia en manos del comunismo ateo con todas sus nefastas consecuencias, la venida de la segunda guerra mundial, etc. Del tercer secreto de Fátima, dos de sus partes se refieren a la serie de anuncios hechos al mundo de los que sólo faltan cumplirse fundamentalmente dos: por un lado la conversión de Rusia, hoy a todas luces mucho más cercana y, por el otro, María nos dice algo realmente esperanzador: "Finalmente, Mi Corazón Inmaculado triunfará”. Y esto va a suceder porque Dios lo quiere así. Vivamos agradecidos al Señor y con la segura esperanza que cada día que pasa estamos más próximos al triunfo del Corazón Inmaculado de María.  

        c) Lucía pide autorización para dar a conocer esta devoción

          Mensaje del 17 de diciembre de 1027 en Tuy, España

Lucía cuenta que fue esa noche junto al Sagrario a decirle a Jesús como debía contestar la pregunta que le habían hecho: “¿Si el origen de la devoción al Corazón Inmaculado de María estaba incluido o no, en el secreto que la Santísima Virgen le había confiado?”. Jesús, con voz clara, le hizo oír estas palabras: “Hija mía, escribe lo que te piden; y escribe también todo cuanto te reveló la Santísima Virgen en la aparición en que habló de esta devoción. En cuanto al resto del secreto, continúa en silencio”.

La Comunión reparadora de los primeros sábados

        También en la aparición del 13 de julio la Virgen María le dijo a Lucía: “Vendré a pedir la comunión reparadora de los primeros sábados”.  

    a) María cumple la promesa de los cinco sábados

Mensaje del 10 de diciembre de 1925 (Pontevedra, España)

En este día María cumple la promesa hecha a Lucía, quien nos lo cuenta así: Ese día estando en mi habitación en Pontevedra, España, se me apareció la Santísima Virgen y, al lado, como suspendido en una nube luminosa, el Niño. La Santísima Virgen me ponía la mano sobre mi hombro derecho y, al mismo tiempo, me mostraba un corazón cercado de espinas que tenía en la mano. Entonces dijo el Niño: “Ten compasión del corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos le clavan continuamente sin que haya nadie que haga un acto de reparación para arrancárselas”. Y en seguida dijo la Santísima Virgen: “Mira, hija mía, mi corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes, tú, al menos, procura consolarme y di que: Todos aquellos que durante cinco meses seguidos, en el primer sábado, se confiesen y reciban la Santa Comunión, recen el Santo Rosario y me hagan 15 minutos de compañía meditando en los misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirlos en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación”.  

    b) Dificultades para confesarme el mismo sábado

Mensaje del 15 de febrero de 1926 (Pontevedra, España)

Ese día se le aparece de nuevo el Niño Jesús y Lucía le habla de las dificultades que algunas personas tenían para confesarse los días sábados, preguntándole si no podía valer la confesión dentro de los ocho días. Jesús le respondió: “Sí, puede ser, y hasta de muchos más días, con tal que, cuando me reciban, estén en gracia y tengan la intención de desagraviar al Corazón Inmaculado de María”.

Ella preguntó: “-¿Jesús mío, y los que se olviden de poner esta intención?” - Jesús le respondió: "Pueden ponerla en la confesión siguiente, aprovechando la primera ocasión que tuvieren para confesarse”.  

    c) Por qué son cinco los sábados

Mensaje del 29 al 30 de mayo de 1930 (Tuy, España)

Cuando Sor Lucía refería a su confesor el pedido de la Virgen, éste le dijo: ¿Por qué 5 y no 9 como los primeros viernes, o 7 como los dolores de la Virgen? Cuenta Lucía que estando en la Iglesia con el Señor en la noche del 29 al 30 de mayo de 1930 y hablando con Él de dicha pregunta, se sintió de manera imprevista invadida más íntimamente de la presencia divina y he aquí lo que le fue revelado: 
       “Hija mía, el motivo es el siguiente:  son cinco las principales clases de blasfemias cometidas contra el Inmaculado Corazón de María:

 

    1) Las blasfemias contra la Inmaculada Concepción

    2) Las blasfemias contra su Virginidad 
3) Las blasfemias contra su Maternidad divina, negándose al mismo tiempo reconocerla como Madre de los hombres  

4) Las blasfemias de aquellos que públicamente tratan de infundir en los corazones de los niños la indiferencia, el desprecio y hasta el odio hacia esta Madre Inmaculada  

5) Las ofensas de aquellos que la ultrajan directamente en sus Sagradas Imágenes”.

 

        "He aquí el motivo por el cual el Corazón Inmaculado de María me ha sugerido pedir esta pequeña reparación y en consideración a Ella, conmover mi misericordia para perdonar a las almas que han tenido la desgracia de ofenderla”.

Resumen

A- Promesa de María: Asistirnos en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de nuestra alma.

B- Condiciones: Durante 5 primeros sábados de mes seguidos:

1- Confesarse (dentro del plazo anteriormente mencionado)

2- Recibir la Santa Comunión en Gracia de Dios

3- Rezo del Santo Rosario

4- Meditación durante 15 minutos de los misterios del Rosario (uno o más)

C- Importante: Recordar que debemos realizar la Confesión, la Comunión, el rezo del Santo Rosario y la meditación de los misterios en REPARACIÓN POR LOS PECADOS QUE SE COMETEN CONTRA EL CORAZÓN INMACULADO DE MARIA.

 

 

¡Corazón Inmaculado de María, sed la salvación del alma mía y del mundo entero!

 

Extraído del Folleto editado por Hijos del Corazón Inmaculado de Maria, Alsina 2342, San Isidro, 1642 Pcia. de Buenos Aires.


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DEVOCIONES AL GLORIOSO PATRIARCA SAN JOSÉ

Este texto en archivo word puede descargarse de: Devociones a San José

LOS TREINTA DÍAS A SAN JOS
É

Para obtener una gracia extraordinaria

 

¡Oh, amabilísimo Patriarca San José! Desde mi pequeñez y miseria te contemplo con emoción y alegría de mi alma en tu trono del Cielo, como gloria y gozo de los bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, consolador de los tristes; amparo de los desvalidos ante el trono de Dios, de tu Jesús y de tu virginal Esposa.

Por eso, yo, desvalido, triste y necesitado, a Ti dirijo hoy y siempre mis alegrías y penas, mis ruegos y clamores del alma, mis arrepentimientos y mis esperanzas y hoy, especialmente, te traigo ante tu altar y ante tu santa imagen, una desgracia que impidas, una necesidad que socorras, una gracia que obtengas para mi y mis seres queridos. Te lo rogaré durante treinta días seguidos en reverencia a los treinta años que viviste con Jesús y María, y te lo pediré, urgente y confiadamente, invocando todos los títulos que tienes para compadecerte de mí, y de todos los motivos que tengo para esperar que no dilataras el oír mi petición y remediar mi necesidad, siendo tan firme mi fe en tu bondad y poder.

 

1) Te lo pido por la bondad divina que hizo al Verbo Eterno encarnarse asumiendo la naturaleza humana como Dios y hombre verdadero.

2) Te lo suplico por la angustia de tu corazón en la perplejidad de dejar a tu Purísima Esposa.

3) Te lo ruego por tu aceptación dolorosísima al tener que utilizar un establo y un pesebre para palacio y cuna de Dios, nacido entre los hombres.

4) Te lo imploro por la dolorosa circuncisión de tu Jesús, y por el santo, glorioso y dulcísimo nombre que le pusiste por disposición del Eterno.

5) Te lo pido por tu angustia al conocer por el Ángel la muerte decretada por Herodes contra el Niño Jesús; por tu obedientísima huída a Egipto, por las penalidades y peligros del camino, por la dureza del destierro, por tus ansiedades al volver de Egipto a Nazareth.

6) Te lo suplico por la aflicción dolorosa durante tres días al perder a tu Hijo; por tu consolación suavísima al hallarlo en el templo. Por tu felicidad inefable de los treinta años que viviste en Nazareth con Jesús y María, sujeto a tu autoridad y providencias.

7) Te lo ruego y espero por el heroico sacrificio con que ofreciste a tu Jesús al Padre eterno para la Cruz y para la muerte por nuestros pecados y para nuestra redención.

8) Te lo suplico por la dolorosa previsión que te hacía contemplar aquellas manos infantiles clavadas un día en la Cruz; aquella cabeza de niño que se reclinaba dulcísimamente sobre tu pecho, coronada de espinas; aquel divino cuerpo que estrechabas contra tu corazón, ensangrentado y extendido sobre la Cruz; aquel último momento en que lo veías expirar.

9) Te lo pido por tu dulcísimo tránsito de esta vida en brazos de Jesús y María, y tu entrada en el Cielo.

10) Te lo ruego por tu gozo y tu gloria cuando contemplaste la Resurrección de tu Jesús, su Ascensión a los Cielos y su trono de Rey inmortal de los siglos.

11) Te lo suplico por tu dicha inefable al contemplar la Asunción de la Santísima Virgen en cuerpo y alma al Cielo y su Coronación en la gloria como Reina y Señora de todo lo creado.

12) Te lo ruego y lo espero confiadamente por todos tus trabajos, penas y sacrificios, en esta tierra; por tus triunfos, glorias y feliz bienaventuranza en el Cielo junto a tu hijo Jesús y tu virginal esposa la Santísima Virgen María.

 

¡Oh, mi Glorioso Patriarca San José! Yo, inspirado en las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia, de sus Doctores y Teólogos y en el sentir universal del pueblo cristiano, siento en mí una fuerza interior que me anima a pedirte, rogarte y a esperar que me obtengas de Dios la grande y extraordinaria gracia que te suplico ante tu santa imagen y ante tu trono de bondad y poder en la gloria celestial.

(Aquí, elevando el corazón, se le pedirá al Santo Patriarca, con amorosa confianza, la gracia que se necesita)

 

También te suplico, San José, por mis familiares y por los que me han pedido ruegue por ellos, les alcances cuanto deseen y les es conveniente.

 

¡Oh San José! Ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

 

ORACIÓN:

Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima, concédenos que así como lo veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerlo como intercesor en el Cielo.
¡Oh Dios! Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

LETANÍAS DE SAN JOSÉ

 

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.

Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Trinidad Santa que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.

 

Santa María, ruega por nosotros.

San José, ruega por nosotros (se repite en cada letanía)

Insigne descendiente de David.

Luz de los Patriarcas.

Esposo de la Madre de Dios.

Casto custodio de la Virgen.

Padre nutricio del Hijo de Dios.

Solícito defensor de Cristo.

Cabeza de la Sagrada Familia.

José justísimo.

José castísimo.

José prudentísimo.

José fortísimo.

José obedientísimo.

José fidelísimo.

Espejo de paciencia.

Amante de pobreza.

Gloria de la vida doméstica.

Modelo de los obreros.

Custodio de las vírgenes.

Sostén de las familias.

Consuelo de los desdichados.

Esperanza de los enfermos.

Patrono de los moribundos.

Protector de la Santa Iglesia.

 

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

 

Oración de Santa Faustina a San José:

La Santa Sor Faustina escribió en su Diario: “San José me pidió tenerle una devoción constante. Él mismo me dijo que rezara diariamente tres oraciones y el “Acuérdate” una vez al día. Me miró con gran bondad y me explicó lo mucho que está apoyando esta obra. Me prometió su especialísima ayuda y protección. Rezo diariamente las oraciones pedidas y siento su protección especial. (Diario 1203).

El Acuérdate es la oración a San José que toda la Congregación religiosa de Sor Faustina recita diariamente:

Acuérdate, oh purísimo esposo de María y mi amadísímo guardián, San José, que jamás se ha oído decir que alguno de los que hayan implorado tu protección y pedido tu ayuda, ha sido dejado sin consuelo.

Animada con esta confianza, acudo a ti con todo el fervor de mí espíritu, me encomiendo a ti. No desprecies mi suplica, oh Padre Adoptivo del Salvador, antes bien dígnate recibirla favorablemente y concédemela. Amén.

 

El Acordáos a la Sma. Virgen María:
Acordáos oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han recurrido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, hayan sido desamparados de vos.

Animado por esta confianza, recurro a ti, oh Virgen de las vírgenes, oh Madre nuestra, y, gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. Oh Madre de Dios, no despreciéis mis súplicas, antes bien, dignaos acogerlas y atenderlas benignamente. Amén.

(San Bernardo)


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